domingo, 19 de junio de 2011

Lo que (no) hay que leer






Hoy he hecho tiempo en el aeropuerto. Mientras mi hija buscaba un regalo de Ratoncito Pérez, he hojeado un curioso librito, el que tenéis en la foto.

Da algo así como unas prescripciones de lo que hay que leer, ver, escuchar, etcétera para tener una verdadera cultura española.

Cómo no, toca la literatura. Y llega a la del siglo XXI. Le dedica (a la literatura supuestamente imprescindible del siglo presente en España) tres páginas. Una entera (más algunos renglones), para glosar la obra de uno de los coautores del libro, con todo detalle de títulos, premios y méritos. Aparte de él, hay un puñado de nombres, como una decena, y de ninguno más de cuatro o cinco líneas.

Parece que el libro va en serio.

Al cerrarlo, una pregunta resonaba estruendosamente en mi cerebro: ¿Qué demonios pintan el noble Alonso Quijano y el generoso Sancho Panza en la cubierta?

Abrazos.

8 comentarios:

el chico de la consuelo dijo...

Como dijo en una de sus celebres frases el estratega chino Suntzu (no sé si lo conoces :):) "...si vuela como un pato, nada como un pato y corre como un pato, puede ser un cocodrilo pero lo más seguro es que sea un pato"

¿pa que te compras eso maño?!!! Se ve venir de lejos.

Atticus dijo...

Bueno, bueno, tampoco hay que ponerse así. No es por tratarse de César Vidal, autor enciclopédico y de una producción irresistible (de hecho, sólo con leerlo a él tenemos la ración anual de un lector medio-alto...), sino porque, de entrada, hay que obviar libros como ése. O será que yo soy muy rarito. Pero en cuando me dice alguien que es "de obligada lectura" o que "no puedes dejar de leerlo", me entra una pereza infinita. De hecho los autores que más me gustan los he descubierto en gran parte por azar, porque me sedujo el título (un ejemplo: "El desorden de tu nombre"), o porque oí entrevistas a los autores en la radio ("Luna de lobos", "El alquimista impaciente", no sé si a alguien le suena). También hago catas en la biblioteca municipal, donde conocí a un tal Mankell, antes de que me informasen de que era uno de los grandes (menos mal, yo que creía que sólo era novela negra).

De modo que menos imperativos y más sugerencias; que las palabras, como el amor, son actividades voluntarias y placenteras, no obligaciones fastidiosas. No Imperativos Categóricos kantianos, sino seducciones dichas al oído, complicidades sutiles.

Y si no nos gusta, a otra cosa y sin ninguna vergüenza. ¿A cuántos se nos ha caído de las manos "Madame Bovary" o "La Celestina"? ¿Por qué sonrojarnos?

Ni siquiera es obligatorio leer. Los que amamos tal actividad no tenemos mucho que razonar: nos gusta, eso es todo.

Su dijo...

De todos modos, quien tenga el estómago de comprarse esto lo tiene para comprarse las grandes obras que este sujeto ha publicado en el XXI. El Quijote lo ponen porque es el libro que todo el mundo presume de haberse leído (sin haberlo hecho).

Pedro del Río dijo...

Para "el chico de la consuelo": Siento decirte que la cita no es de Stun-Zu, a quien se le atribuyen otras tantas frases célebres que no son suyas.

Javi dijo...

Hombre, lo mejor que te puede pasar abriendo un libro como ese es que no te pilles los dedos...

el chico de la consuelo dijo...

Pedro del Rio era un guiño a una entrada antigua en la que el autor de este blog me citó.
Lamento haber ofendedido al sabio chino y a sus seguidores una vez más.
La cita es una mamonada de un servidor sin más pretensiones.

Pedro del Río dijo...

Chicodelaconsuelo: Vale. Ya he leído la entrada antigua y tus comentarios Y he pillado la historia.

Para todos:

Al final se me olvidó comentar lo que quería, lo del libro en cuestión: Yo nunca he confiado en este tipo de guías de estilo o de cosas imprescindibles. Lo curioso es que ni me había enterado de su existencia hasta verlo en tu post. Lorenzo, reconozco que me picó la curiosidad y me acerqué a una librería del barrio a ojearlo, pero no pude...

Begoña de Urrutia dijo...

Bueno saber lo que merece y lo que no merece la pena leer. Hay demasiadas obras fantásticas para perder el tiempo con lo que no aporta demasiado.