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sábado, 5 de febrero de 2011

Morituri





A Elvira Navarro, Eugenia Rico, Alberto Olmos y un servidor, los cuatro de la foto de arriba, nos falta un tornillo. Sólo eso explica que hayamos accedido a comparecer no sólo en la foto, sino también en un periódico, defendiendo los derechos de autor y, mucho más tibiamente, porque no es la que escribiríamos nosotros, la Ley Sinde. Aclaro que mi discrepancia con la ley no es por su blandura, como pensarán los malévolos, sino porque creo que falta un enfoque integral, que quizá permitiría no cargar tanto la suerte en lo represivo, y en lo procedimental y accesorio, que es lo que menos me gusta del invento.

Digo que estamos chiflados y ya se ve: aparte de recibir los insultos habituales de los integrantes de ese nuevo movimiento global, el ciberfascismo, nos han llamado ya en algún lugar "los cuatro jinetes del Apocalipsis", cuando lejos de anunciar catástrofe alguna intentamos buscar un futuro razonable, y no este presente atenazado entre empresarios timoratos y corsarios intrépidos. Donde los que mandan y medran son tipos como el inefable dueño de Megaupload, que enrolan en sus buques a millones de alegres grumetes que además apoquinan el pasaje (el caño de Megaupload que mola, el premium, no es gratis) sin pestañear y a sabiendas de que no hay una Armada británica o española que te cañonee y hunda como las había para los de la isla Tortuga. Así se le ve de relajado, en la foto.



También estamos locos porque en un periódico, y no es crítica al periodista, sino a la falta de espacio, siempre te cortan lo que más te importa puntualizar: como en la declaración que se me atribuye sobre la ilegalidad de la copia, precisar que es ilegal la copia cuando excede lo privado y se hace con repercusión pública, y que esa copia genera responsabilidad aunque no haya lucro (eso, el lucro, es lo que hace que, encima, sea delito). Y mira que lo recalqué dos veces.

O como silenciar nuestra insistencia en que no vale sólo con las leyes protectoras y restrictivas, que hay que mover de verdad el mercado digital, con otros precios y filosofías, que no serán los irreales que pretende el bando pirata (que no cubren ni los costes mínimos) pero tampoco los que hoy muestran las tiendas virtuales en sus exiguos catálogos.

En ese empeño estamos también los creadores, y me da mucha rabia que esta noticia haya salido antes de que esté disponible mi oferta legal, que debería encontrarse ya online, pero que se ha retrasado unos días por problemas de producción. Es lo malo que tiene la edición digital legal y profesional, que es más lenta y difícil que la ilegal amateur, porque entre otras cosas hay que cuidar bien la calidad del texto y el archivo y obtener los derechos de los autores de las cubiertas, por ejemplo, lo que lleva bastante más tiempo que escanear de cualquier manera y arramblar con todo sin encomendarse a Dios ni al diablo.

En fin, ya sólo es cuestión de días. E insisto en que muchas de las objeciones que ahora se nos hacen a los autores, no las van a poder hacer a la oferta digital legal de este cura. No os puedo adelantar nada, pero de por dónde va os dará una idea este sitio, que hablando de cine hace una propuesta que los alegres cofrades del bando de lo gratis (y sus prósperos propagandistas y abogados) han acogido con significativa frialdad. De verdad que hace falta abrir esta vía, para empezar a poner las cosas en su sitio. Y para que acabe tanta demagogia barata (tampoco ausente en el bando defensor del antiguo sistema) que ofende la inteligencia y nada resuelve.

Abrazos.

domingo, 23 de enero de 2011

Noticia inexacta





Por no decir completamente contraria a la realidad. Ya se publicó hace unos días, la desmentí a través de Twitter pero se reitera ahora, aquí.

Lo malo es que de ese medio beben otros y la van replicando. Con el periodista de Público hablé, aunque me temo que no entendió bien mis palabras, o no me hice entender bien yo. La conversación fue nocturna, a través del móvil y con mala cobertura, eso puede excusarle a él, a mí o a ambos, fuera quien fuera el causante de la noticia inexacta.

Lo que le dije a este hombre, con el trasfondo de la Ley Sinde, es que durante meses no había cerrado un acuerdo con mis editores porque no estaba de acuerdo con los precios que se estaban poniendo al ebook, demasiado altos y poco realistas, en mi opinión, en un país donde se ha instalado la creencia de que la cultura ha de ser gratis.

Por aclarar un poco esto último: desde luego que hay que plantar cara, dialécticamente, al mal llamado bando internauta (en realidad, sus muy interesados y autodesignados portavoces: alguno ya ha hecho un lucrativo negocio de su postura, vía conferencias clónicas pagadas a precio de oro y consejos retribuidos en filiales de empresas beneficiadas directamente por el despiporre actual). Hay que lograr, sí, que esta gente se apee de sus pretensiones basadas en el discurso sofista (yo sólo enlazo, no sé quién colgó el epub ni si tiene permiso) y sobre todo en la imposición de sus tesis por la vía de la coacción, a partir del actual desprecio masivo de los derechos de propiedad intelectual y de la impunidad de quienes fomentan y se enriquecen con este fenómeno. Pero también por parte de la industria hay que dar pasos decididos para deslegitimar por la vía de una oferta alternativa el discurso pirata, por un lado, y para que las autoridades se vean empujadas a perseguir de una vez a los receptadores digitales, que son el verdadero cáncer que amenaza con pervertir irremediablemente todo un mercado y aniquilar un sector productivo que da de comer a decenas de miles de familias en este país. (Para el que no sepa lo que es un receptador, hay diccionarios.)

El paso al que me refiero es hacer una oferta digital legal realmente asequible y competitiva. Puede que no sirva ya para nada, porque ninguna oferta asequible puede competir contra los cero euros (por poner un símil: al que va a mangar en el Carrefour, igual le da que le bajes a diez céntimos lo que piensa llevarse y sabe que puede llevarse sin que le pillen, y a lo mejor necesita y le viene fatal pagarlo, que esa es la segunda parte, sobre todo en tiempos de crisis).

Pero vamos a intentarlo. Espero que quede por ahí gente que piensa que de algún modo, siquiera mínimo, es decente corresponder a quien hace algo que te gusta y/o reconforta.

Todo este rollo para dar la verdadera noticia: me costó, pero he llegado a un acuerdo con mis editores. Y va a ser toda una novedad, frente a lo que hay. Pronto estará disponible. No puedo avanzar nada más, pero tampoco quiero que circule por ahí algo que no es cierto.

Ah, la imagen que abre esta entrada es la portada de uno de los ebooks.

Abrazos.