sábado, 7 de julio de 2012

Cursos de verano



Sí, ya sé que no tienen muy buena fama, que para muchos son algo frívolo, una forma barata de recaudar créditos y pasar las vacaciones. Pero la verdad es que mi experiencia de este año es muy otra, y creo que es de ley contarla. Este 2012, por segunda vez, la Escuela de las Artes de la Universidad Carlos III de Madrid, que se celebra cada año en el Círculo de Bellas Artes, me pidió que le montase un curso de verano sobre novela. Este año elegimos dedicarlo a la novela española contemporánea y, gracias a su amabilidad al atender nuestra invitación, logramos ofrecer a los alumnos un gran plantel de ponentes. Siete autores: Antonio Muñoz Molina, Alberto Olmos, Agustín Fernández Mallo, Carlos Zanón, Marta Sanz, Antonio Orejudo y Javier Calvo. Y un crítico: Santos Sanz Villanueva. 



Todos fueron generosos y honestos en sus intervenciones y eso ha permitido cerrar una semana de intenso y fecundo aprendizaje. Desde luego lo ha sido para mí y también para los alumnos, por lo que me han dicho e incluso reiterado. Buena parte de culpa la tienen también ellos: gente variada, inquieta y muy participativa. Les debo por ello a todos un agradecimiento que aquí hago constar. Podría haber puesto la foto de todos los autores pero he elegido la de Carlos Zanón no porque lo hiciera mejor que los demás (todos estuvieron excelentes, y sin cualquiera de ellos el curso habría perdido mucho) sino porque tuvo el valor de decir una palabra prohibida para muchos y el acierto necesario para provocar lo que esa palabra convoca. La palabra es emoción, y la desató a lo largo de todo su parlamento pero especialmente cuando para cerrar su intervención puso este vídeo:


(Para quien no lo sepa: la última actuación en público de Elvis). Lo dije allí y lo repito ahora: para mí el arte es ese hombre gordo y devastado repitiendo I need your love con lo que le queda de alma y de voz, y esa gota de sudor resbalando desde su papada. Entrega, fe y sacrificio. Incluso cuando ya nada parece justificarlo.

El miércoles por la tarde hice una escapada a Barcelona para intervenir en el curso sobre novela y cine negro organizado por Teresa Naves dentro del programa de Els Juliols de la Universitat de Barcelona. Otro curso de verano suculento y repleto de gente ávida de aprender. Fue de veras interesante compartir con ellos mi visión de la novela policiaca a través de la experiencia de tratar de escribirla en España y con guardias civiles (y, como decía el título de mi ponencia, sin complejos). Algún participante se declaró sorprendido pero a la vez impactado, lo que le agradezco, por alguien que le hablaba de los guardias civiles como personajes que no sólo no eran necesariamente reaccionarios, sino que en tantas ocasiones de la Historia, desde las guerras carlistas hasta el 18 de julio de 1936, pasando por el 14 de abril de 1931, habían estado del lado de la causa progresista y contra la de la involución.

Cuánto daño ha hecho García Lorca, con ese romance excelente, como todos los suyos, pero tan injusto. Esos dos versos terribles: "Tienen, por eso no lloran, / de plomo las calaveras". Y tan falsos. Los he visto llorar, todos los hemos visto llorar. Y han dado, muchos, la vida por todos nosotros.


Aludí a unas fotos impactantes de comienzos del siglo pasado que recogen el momento en que unos gitanos, los Tartajas, tras haber asesinado a dos guardias civiles, entran en Granada escoltados y protegidos por la propia Guardia Civil para que la gente no los linche. No las tenía a mano allí en buena resolución y contraje conmigo la deuda de difundirlas. Aquí están (pinchad si queréis verlas en grande, merece la pena fijarse en los detalles, rostros y demás):


Aparecen en mi libro Sereno en el peligro, y las reproduzco aquí reiterando mi deuda de gratitud con el estupendo fotógrafo que las hizo, Torres Molina, y con Mundo Gráfico, la ejemplar publicación que, junto a otras, recogía en aquellos tiempos este reporterismo gráfico de primera, que hoy es Historia hecha imágenes. 


Imágenes que nos permiten apreciar, de forma fehaciente, que la realidad fue algo más, y más complejo, que ese cuento de guardias diabólicos y gitanos buenos que muchos siguen teniendo en la cabeza, porque así lo decidió en un momento de conciencia ofuscada (y este juicio no le resta mi reconocimiento en lo que lo merece, que es mucho) el mejor poeta español del siglo XX.

Abrazos.


Postdata del 10/7/12: Una de las asistentes al curso del Círculo de Bellas Artes ha tenido la deferencia de hacer una detallada crónica en su blog. También ha tenido una deferencia adicional con el director del curso que me coloca al borde del sonrojo, pero vaya, por el valor informativo de su aportación, a ello os remito. Si miráis en la lista de entradas del blog veréis la reseña que hace de la intervención de los distintos ponentes. Merece la pena. Gracias por todo, Amelia.



3 comentarios:

PILAR dijo...

¡Qué envidia sana por no haber podido acudir a ese curso!
Muchas gracias por incluir ese contraverso a Federico Lorca, tan brillante en su escritura pero tan injusto, a veces, en sus palabras.

Microalgo dijo...

Yo vivo en Cádiz, y me encanta. PERO, como todo, tiene sus cosas malas. Una de las peores es que siempre median seiscientos kilómetros entre estas cosas y yo.

Buen verano.

África Lorente dijo...

Hago aquí el comentario por no tener tu correo personal.
Hice mi aportación económica a "Los trabajos y los días", pero por arte de magia se "traspapeló", con lo cual he visto mi ego tocado al no aparecer mi nombre entre los mecenas.
Por fin, hace dos días, me ha llegado tu libro y podré leerlo, que es lo que cuenta.
Saludos.