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martes, 17 de septiembre de 2013

Siete ciudades en África






Hoy, 17 de septiembre, se ha puesto a la venta. La próxima semana lo presento en Madrid,  y dentro de dos, en África, como corresponde. Hemos elegido al efecto Melilla, de las siete ciudades acaso aquella con la que me une una relación más intensa y especial.

Lo que el libro trata lo cuenta así el editor. Y en esta entrevista tenéis más información.

Poco tengo que añadir, para presentarlo. Puedo decir que es un libro que explora un tema que me interesa desde siempre y sobre el que tratan ya otros (El nombre de los nuestros, Del Rif al Yebala o Carta blanca), pero en este caso lo hago con un enfoque peculiar, a través de la historia de siete ciudades, fundadas, levantadas o pobladas por españoles en tierras africanas, que me permite construir el que quizá sea el más divulgativo de mis textos sobre el Marruecos español. Quien no sepa nada de aquella apasionante y por momentos tremenda historia, creo que puede situarse razonablemente en poco más de 200 páginas, con un excelente cuadernillo de ilustraciones.

Doy gracias a mis editores en este empeño, Ana Gavín e Ignacio Garmendia, por la oportunidad de contar con este hermoso libro (me refiero a su condición de objeto) en mi bibliografía.

Curiosamente, la estampa final de este libro que trata de ciudades se sitúa en despoblado, en un lugar que ya mencioné alguna vez aquí.

Es ésta:






Y al mirarla de nuevo me he acordado de tres cosas que recogí de allí, y que me he molestado en fotografiar para vosotros:






Son un trozo de una vasija (quizá fenicia, hay un yacimiento de esa época allí, bastante descuidado, todo hay que decirlo), un trozo de metralla (posiblemente de los proyectiles de los barcos españoles que bombardearon ese promontorio cuando lo ocupaban los marroquíes) y un fósil que recuerda los tiempos en que aquello era tierra sumergida. Todo tiene una historia detrás, naturalmente.

El que quiera conocerla, ya sabe dónde está.

Abrazos.

viernes, 3 de mayo de 2013

Nos quedan los lectores





Son tiempos duros para todo el mundo, pero también para los que escriben, editan o venden libros. La bajada de las ventas compromete la supervivencia de no pocas de las gentes que al libro entregan sus horas, y mientras los gobiernos aprueban leyes que no resuelven nada y lo embarullan todo en ineficaces procesos administrativos, mientras muchos editores se resisten a dar pasos decididos para poner su granito de arena en la creación de un mercado del ebook que funcione, cierran librerías y cada vez más españoles se acostumbran a que los libros son algo que "se baja por Google".

En este contexto, más que entonar la queja, que de nada sirve, y menos ante unas autoridades estupefactas y unos jueces desbordados, conviene volverse a quienes realmente constituyen la línea de defensa del libro: los lectores verdaderos y generosos que aún nos quedan.

Ellos, por ejemplo, son los que demandándolo han conseguido que se reeditara en papel el libro que abre esta entrada, Carta blanca, y que llevaba un par de años agotado (aunque estaba disponible en ebook). Una alegría volver a tener esta historia en las librerías, y no puedo ni debo olvidar a quién se lo debo. Una nota sobre la foto de cubierta: son legionarios de 1921, justo la época de la primera parte de la novela, por cortesía de mi buen amigo Santiago Domínguez.




Por eso esta semana, que me invitaron a hacer el pregón de la Feria del libro de Sevilla (muy concurrida, por cierto, y bendita sea esa estampa) quise recordar que son ellos, los lectores, los que hacen que esto exista y a quienes, parafraseando a Chandler, debemos volvernos con pasión y humildad renovadas para preservar el pacto que nos une. Aquellos que de veras aman los libros, aquellos que no pueden contentarse con consumir el último título de moda cada año, y que aprecian en lo que vale el esfuerzo de hacer literatura, son los que mantienen, y creo que seguirán manteniendo, la posibilidad de escribirla, con toda la diversidad y riesgo que ello exige.

Uno de esos lectores, sin ir más lejos, ha hecho una disección de mi última novela, La marca del meridiano, que de veras me ha conmovido y que no puedo sino recomendar que leáis, pinchando en los siguientes enlaces (son cuatro entregas).


El cuento que no es cuento. La marca del meridiano (1)

El cuento que no es cuento. La marca del meridiano (2)

El cuento que no es cuento. La marca del meridiano (3)

El cuento que no es cuento. La marca del meridiano (4)


Gracias, amigo. Para esto escribe uno libros.

Abrazos.