
Si aún no lo has encontrado, tienes pendiente la única misión que importa que lleves a cabo. Se trata de llegar a ese lugar: allí donde puedas verte a ti mismo, ver cuanto te rodea, y decirte la verdad. Para luego salir, a los otros lugares, y seguirla diciendo.

No sé dónde estará el tuyo. El mío va y viene. Las fotos son de su última aparición, en la noche de fin de año: el claustro de la catedral de Lisboa, al anochecer. Con vistas al Tajo.

Qué ciudad. No por casualidad tuvo a su poeta. Y qué poeta.

Ya le he perdonado lo del pie, qué remedio.
Abrazos.