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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Gaga y el monstruo





Sed piadosos, es una foto tomada con iPhone desde lejos y con mala luz.

Estuve en el concierto y comprobé que esta chica es un ciclón. Si logra juntar más canciones buenas (por ahora sólo cuenta con 4 o 5, a mi juicio) puede hacerse eterna. Desde luego tiene
mucho más dentro (y mucho más genuino) que la fría y calculadora Madonna, con quien se empeñan en compararla o peor, de quien se la presenta una y otra vez como émula.




Tendrá además otro desafío: envejecer. En lo que también espero que supere a la Material Girl. Esto no se lo ha puesto demasiado difícil.




Escribí algo sobre mi experiencia en el concierto madrileño de la megadiva. Fui de hecho como prensa, lo que me permitió asistir al delirio fan de tantos presuntos informadores que tenía a mi lado. Yo, aclaro, estaba tranquilo y sentadito con mi portátil, escribiendo mientras se desarrollaba el concierto para enviar el texto al periódico apenas acabase. También me hizo mi pase de prensa sentir culpable, por la gente que se quedó fuera, gracias a las entradas falsas, y que lloraba a moco tendido por perderse algo que iba a apreciar, seguro, con más pasión que yo.

Como el artículo se publicó en el cuadernillo M2 de El Mundo, que no se puede leer fuera de Madrid, y no lo he visto en la web, me siento autorizado a copiároslo aquí:


Feroz Fragilidad

“I’m open” (“estoy abierta”). Así, según el productor de origen marroquí Nadir Khayat, más conocido como RedOne, le respondió Stefanie Joanne Angelina Germanotta, hoy más conocida como Lady Gaga, cuando le preguntó a qué estaba dispuesta antes de iniciar la producción de The Fame Monster. Quienes ayer fueron a verla en su concierto madrileño pueden dar fe de hasta qué punto la frágil y sin embargo feroz cantante italoamericana sabe atenerse a sus palabras. Lady Gaga se abre por completo a su público en sus actuaciones, lejos de la cicatería especuladora de otras megaestrellas. Tanto se entrega, que por momentos parece que se fuera a romper en dos sobre las tablas.

Que no especule no quiere decir que su espectáculo no esté calculado: al milímetro, por alguien que sabe que no defrauda, sino que supera las expectativas. “Eres más de lo que esperaba”, le dijo en directo la rancia presentadora de la ABC, Barbara Walters, tras entrevistarla en su programa. Desde su timidez desfachatada, Gaga sabe que seduce y arrolla. Y lo disfruta.

Sedujo y arrolló en Madrid, ante un repleto Palacio de los Deportes. Desbordó lo que de ella se esperaba al recordar su concierto de tres años atrás en la capital, el que hubo de dar dos veces para que nadie se quedara fuera. Lo hizo durante la estremecedora interpretación de Speechless, sola con su piano. Y a continuación, por si este homenaje expreso al público madrileño no bastara para arrebatarlo, le hizo el regalo que había regateado a otros: una canción de su nuevo álbum, Born This Way.

“Yo no era valiente. Vosotros me hacéis valiente.” Con esta declaración, Lady Gaga proclama el secreto de su fuerza, darse toda a fans que le dan todo, que más que una cantante la consideran una especie de redentora que les cura de sus flaquezas y les invita a ser, como ella, monstruosamente rutilantes. “No quiero ser tu amiga, quiero que me ames”. Es su himno, Bad Romance, broche de la noche. Tras cantarlo, se quedó en el escenario, cerró los ojos. No hay duda. Se lo gana.



Abrazos.