A veces la vida nos opone un contratiempo y con ello, si sabemos verlo, nos hace un regalo. Yo tenía que haber dormido anoche en Estocolmo, después de hacer escala en Helsinki. Pero el avión que me llevaba desde Madrid tuvo una avería y perdí la conexión. Así que sin haberlo previsto ni deseado, me tocó dormir en Helsinki.
Una contrariedad, en principio. Pero gracias a ello puedo llevarme en la retina la impresión de este hermoso amanecer finlandés (y de paso, compartirlo con vosotros).
Y una cosa que da que pensar. Este país está completamente congelado: muchas de sus carreteras no son asfalto, sino hielo; las pistas del aeropuerto de Helsinki, ya las veis. Y sin embargo todo funciona como un reloj. Los autobuses pasan a la hora exacta, los aviones despegan y aterrizan sin problemas. En fin, que el ser humano, cuando quiere (o no tiene más remedio) resuelve dificultades. Así que, cabeza alta, y a por las nuestras. Que se puede.
Abrazos.
P.S.: Estoy haciendo todo esto gracias al wi-fi gratuito del aeropuerto de Helsinki. Que va como un tiro. Qué envidia.