
Si se le quitan los accesorios, queda un Señor Patata como cualquier otro.
Pero ellos no pueden hacer la huelga, y les cae el marrón de tener que velar por que todo funcione. Tengamos un recuerdo para ellos durante la jornada, y a ver si esos que gritan demasiado y se echan en seguida al monte no les amargan el día.
Que cada uno ejerza su derecho con arreglo a su conciencia. Y desde el 30 en adelante, todos a arrimar el hombro. Si no, estamos listos.
Abrazos.