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jueves, 28 de marzo de 2013

Atalayas






Lo que muestra la fotografía es la atalaya del Cerro de los Ángeles, desde la que el otro día se tenía esta vista portentosa de Madrid con la sierra toda nevada al fondo (para apreciarla bien, como os recomiendo hacer con las demás fotos de esta entrada, mejor pinchad en la imagen). La foto se la debía a los lectores de Algún día cuando pueda llevarte a Varsovia. Sí, es ahí a donde Laura lleva a Andrés para que le cuente la historia. Pero siendo la foto del pasado lunes 18 (que aproveché para subir con otra Laura, mi hija), en ella se ven unas cuantas cosas que Laura y Andrés, allá por 1996, que es cuando está situada la acción de la novela, no podían ver. Sobre todo, las cuatro torres que ahora mandan en el skyline.




Esta otra atalaya es la que hay en el extremo de una de las calas de Tossa de Mar, desde la que se ve la antigua ciudad medieval amurallada. Un lugar mas que recomendable para pasar, sin mucha presión de turistas aún, el primer trecho de la Semana Santa.




Y tras unos días en la Costa Brava, de regreso al Baix Llobregat y a la playa de Viladecans, que este marzo pródigo en lluvia y viento se ve así. Ya sé que "atalaya" se refiere a lugar elevado y por tanto esta foto podría parecer fuera de lugar. Pero mirando esa playa sobrevuelo a menudo los problemas, y se me ocurrió ponerla para completar, por si a alguien más le sirve a esos efectos.

Abrazos.
  

viernes, 7 de septiembre de 2012

Salvados





La pataleta de Artur Mas, con la pantomima subsiguiente de proclamarse despechador, que no despechado, y montar una alternativa patriótica con inversor traído por los pelos a última hora, ha certificado que Eurovegas no se instalará en el Baix Llobregat. Además, por lo que han contado, el plan B ya no contempla machacar el parque agrario y el parque natural del delta. Eso significa que todas las cosas que muestran las fotos de esta entrada, comenzando por la playa virgen de Viladecans, que hoy se veía así de tranquila, se han salvado. Al menos de momento. Aleluya.




Tenía un poco desatendido este blog, menos por las vacaciones de agosto (que tuve cortas) que por la multitud de trabajos a los que me he entregado en las pasadas semanas, y que espero que en los últimos meses de este año y primeros del que viene vayan dando sus frutos visibles, de los que os mantendré puntualmente informados. Me ha parecido una excelente manera de retomarlo celebrar que uno de los lugares donde vivo se haya librado de ese engendro contra el que en otras ocasiones escribí aquí.




Así que hoy, al salir con la bici, he ido haciendo fotos de todo lo que la piqueta no destruirá para plantar encima uno de esos monumentos al feísmo en que se especializa la factoría Adelson.




Naturalmente, no he dejado de acordarme de mis vecinos madrileños de Alcorcón, que según parece van a ser los que sufran ese impacto de meteorito gigante que supone que el 40 por ciento de su término municipal se entregue al jerifalte de los casinos para que lo tunee a su dudoso gusto. Tienen mi solidaridad, aunque parece que ya nada va a impedir que se consume la jugada. Esperanza Aguirre es mucha Esperanza Aguirre (qué ingenuo oponente ha tenido en Mas, algún día se sabrán los entresijos, sin duda ominosos, de su derrota) y ya ha dicho que tiene la intuición de que se llevará el gato al agua. No parece probable que nadie se atreva a desmentirle la intuición, por la cuenta que le trae. Por otra parte, y buscando el mal menor, hay que reconocer que el área metropolitana de Madrid tiene más posibilidades de engullir el monstruo sin morir en el intento que Barcelona, que había de sacrificar para ello el único gran espacio verde en medio de su aglomeración urbana, una apuesta casi suicida.




¿Significa esto que Madrid pesa más que Barcelona? Sintiendo por mi hogar catalán (y también por la cultura y el arte de vivir de los catalanes) el aprecio que siento, y que no me impide mi condición de madrileño de origen, creo que tampoco me ciega ésta para tener la sensación de que sí, de que Madrid le ha doblado el brazo a Cataluña (para mal de unos madrileños, los alcorconenses, y bien de unos catalanes, los viladecanenses, pero eso es otra cuestión) con un envite en el que ha hecho valer su empuje, su astucia y su lugar en el mundo por encima de los que ha acreditado su rival.




Y ahora en Cataluña podrá entonarse la eterna cantinela de cómo Madrid hace trampas y menoscaba sus opciones, pero en un mundo globalizado el plañido es cada vez más desaconsejable, y sería una reacción mucho más inteligente que Mas y su Govern "se hicieran mirar", por emplear una expresión catalana, qué puede estar pasando de puertas adentro para haber perdido capacidad de competir, y cómo se puede recuperar esa pujanza del mejor modo posible.




Por dar pie a la esperanza, las últimas imágenes son de otros "salvados" por la seducción irresistible que Esperanza ha ejercido sobre Adelson. Estos grafitis me acompañan en mi ruta diaria con la bici, y acreditan la creatividad de la juventud del Baix Llobregat. Incluso me atrevo a considerarlos arte, aunque habrá quien lo discuta. Están ahí puestos, en una riera por la que sólo pasan agricultores, ciclistas y corredores. Sus autores les echan horas, para dejarlos a la intemperie y a merced de cualquiera.




Molt Honorable Senyor President, si le vale una sugerencia, invierta más en crear condiciones para que fluya el talento de sus conciudadanos, y piénsese lo de mal copiar modelos especulativos y caducos que, cuando tuvo la oportunidad de importar en su formato original, no acertó a conseguir.


Abrazos y, tras las vacaciones, Welcome to the machine.






sábado, 14 de enero de 2012

La bici. La playa.






Hay unos cuantos motivos por los que, habiendo nacido en Madrid y teniendo allí mi base, me gusta pasar todo el tiempo que puedo en la que ahora es mi segunda tierra, Barcelona. O más en concreto, Viladecans, en el Baix Llobregat. Dos motivos importantes son los que muestra la foto que abre esta entrada. Hoy, 14 de enero de 2012, la nieve y el frío azotan casi toda España. Pero a mediodía, después de escribir durante toda la mañana, yo me he cogido mi bici y me he ido a mi playa, donde me ha recibido el sol y la luz que podéis ver en la imagen. Son siete kilómetros de ida y siete de vuelta. La recompensa es encontrarse con ese horizonte limpio y solitario (ventajas del invierno) y el placer que se siente tras el esfuerzo físico hecho a gusto. Y envolviéndolo todo, una impagable sensación de libertad.

Hoy es sábado, pero cuando cojo la bici a mediodía un día laborable y me voy a contemplar solo mi playa me acuerdo de todos los antiguos compañeros. Los que siguen en las minas de sal, como lo llamábamos mi buen amigo José Ignacio y yo, en homenaje a cierto pasaje de Barton Fink que recordarán los cinéfilos. Los que en ese momento andan almorzando en algún restaurante de Azca, igual me da si de los buenos o de menú, encorbatados y sometidos a la presión de los objetivos, los informes, los deadlines. Nunca olvidaré que fui uno de ellos, durante trece largos años. Ni lo que me ayudó y me enseñó compartir con ellos fatigas.

No es que ahora esté exento de objetivos o deadlines: sigo siendo un simple trabajador. Pero ahora soy yo quien me los marco. A cambio, vivo a la intemperie, lo que también tiene sus desventajas, para qué nos vamos a engañar. Sin embargo, cuando en mi bici llego hasta el lugar de la foto, y en otros muchos momentos, que tienen que ver con los destinatarios de este blog, sé que hice lo correcto. Porque sin dejar de ser lo que he sido, puedo ser lo que siempre fui.

Ah, hay otro motivo para esta entrada. En esa playa sucede un momento de la próxima novela de Bevilacqua. No lo he escrito aún (no he llegado a esa altura de la historia), pero ya está en mi cabeza y cada día que voy allí se dibuja con más nitidez.

Abrazos.