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martes, 1 de noviembre de 2011

Erst im Chor (sólo en el coro)





Han aparecido más reseñas sobre Niños feroces. Me permito recoger otras tres francamente hermosas y de singular calado (esta novela está resultando afortunada, por lo bonito y lo hondo que es lo que sobre ella se escribe). Las firman Lluís Satorras para Babelia, Gerardo Elorriaga para El Correo y Pedro Crenes para papelenblanco.com (la gentileza de lo que dice me induce a perdonarle que me envejezca en dos años).

Leerlos, y leer otras reseñas anteriores, me recuerda este pasaje del maestro, Franz Kafka, que siempre tengo en mente a la hora de enjuiciarme a mí mismo, y que creo que en este lugar (y refiriéndose a este libro) resulta especialmente pertinente:

Geständnis und Lüge ist das Gleiche. Um gestehen zu können, lügt man. Das, was man ist, kann man nicht ausdrücken, denn dieses ist man eben; mitteilen kann man nur das, was man nicht ist, also die Lüge. Erst im Chor mag eine gewisse Wahrheit liegen.

Es decir:

Confesión y mentira son la misma cosa. Para poder confesar algo, uno miente. Aquello que uno es no puede expresarse, porque eso es uno, justamente; sólo puede comunicarse lo que uno no es, es decir, la mentira. Sólo en el coro puede hallarse cierta verdad.


En fin, aunque no tenga nada que ver (salvo que también se trata de un coro de voces, amalgamadas por el capricho de la memoria), a esta entrada le pongo una banda sonora, la del programa que los amigos de Radio 3 me permitieron diseñar hace un par de semanas, escogiendo y comentando la música que se emitió durante una hora en la emisora. Supongo que me retrata, pero ante todo me apetece compartirla con vosotros.

Abrazos.

domingo, 31 de julio de 2011

Niños feroces (en septiembre)





Voy a cerrar la tienda durante el mes de agosto (bueno, más o menos: del todo nunca puede cerrarla un sufrido autónomo que sólo tiene lo que trabaja). Pero, antes de hacerlo, quería dejaros, un poco ampliada, la noticia para la vuelta de las vacaciones.

Es el libro cuya portada veis arriba, y cuyo texto de cubierta os adelanto:

Lázaro es un joven aprendiz de escritor que, en opinión de su maestro, es incapaz de escribir historias largas, a pesar de su talento, porque pertenece a la generación de lo fragmentario, del post bloguero, el mensaje de Facebook o Twitter y el vídeo de YouTube. Para Lázaro, el problema estriba en que no tiene argumentos, en que le falta una historia que contar.

Su maestro le regala la de Jorge, un joven madrileño, como él, que setenta años atrás, el 13 de julio de 1941, salió con la primera expedición de la División Azul. Una peripecia pasmosa que le llevó a la batalla de Krasny Bor, en el frente de Leningrado, y después, en 1945, a defender Berlín con el uniforme de las Waffen-SS.

Acompañado por las lecturas de Walter Benjamin, Jorge Semprún o Günter Grass, Lázaro escribe un relato vibrante que, enhebrando estampas del hoy, desde las guerras de Irak y Afganistán al 15-M, recorre los escenarios de una Europa en guerra, e, hijo de su tiempo, comprende que con esa suma de fragmentos, escenas, lugares e historias ha construido, finalmente, una novela.


¿Qué puedo añadir? Pues, aparte de que es fruto del trabajo de tres años (nada nuevo, ni raro, los libros no suelen necesitar menos, aunque sea más rápida su redacción material), que recorre un arco temporal de 75 años, desde julio de 1936 hasta junio de 2011. Empieza en Getafe, un día crucial en la historia de la ciudad (el 20 de aquel julio infausto), y termina en la Puerta del Sol, la víspera del levantamiento de la acampada de los indignados del 15-M (es decir, el 11-6-11). Nada de esto es casual, como ninguna otra cosa en la novela, que es además la más viajera de las mías. Sus protagonistas atraviesan Francia (varias veces) viajan hasta Rusia, convalecen en Riga, se entrenan en Baviera, Versalles, el Tirol, Prusia Oriental y Potsdam y pelean en Leningrado, los Cárpatos, Pomerania y, por último, Berlín, en la aciaga primavera de 1945, cuando a Alemania ya casi no le quedaban hombres y los niños cazaban tanques rusos metiéndose literalmente debajo de sus cadenas.




Me interesa especialmente recalcar que nada de lo dicho pertenece a ese género bastardo que podríamos llamar "Fantastoria", es decir, utilizar la Historia para colgarle patrañas más o menos improbables. Todo está documentado y obedece a hechos realmente sucedidos, por extraños que puedan parecer (como lo es, por ejemplo, la peripecia de esos SS españoles defendiendo a un Hitler al que ya habían traicionado, no sólo su antiguo patrocinado Franco, sino incluso sus más leales, como Göring o Himmler).




Pero por encima de todo, y para eso está el narrador, un joven madrileño de hoy que indaga la historia y trata de restituirla a través de su relato, la novela es un homenaje a la literatura y al pensamiento y a quienes los hacen posibles y los engrandecen. Muchos salen en el libro, de uno u otro modo: Benjamin, Proust, Kafka, Sabato, Semprún, Haffner, Grass...

En la novela hay combates y amores desesperados, viles traiciones y lealtades a prueba de bomba, mezquindades sórdidas y sacrificios casi inimaginables, vengadores inflexibles pero también un espacio para la piedad. Y como síntesis, una amarga reflexión: lamentablemente, no estamos hablando de vergüenzas pretéritas. Los jóvenes y los niños (de ambos sexos) siguen malográndose en guerras decididas por hombres (y mujeres) que no tendrían agallas para ir a pelear en ellas. Por eso en la novela, en la que todo el tiempo conviven pasado y presente, hay alguna que otra excursión a Irak y a Afganistán, dos guerras donde también, aunque su presencia en ellas sea tan exótica como la de aquellos SS españoles entre las ruinas berlinesas, luchan y mueren soldados con la bandera rojigualda cosida al hombro.




Os dejo la cita que abre el libro, de otro literato (y antes soldado) al que también rinde homenaje:

La guerra debería ser un deporte reservado únicamente a los hombres de más de cuarenta y cinco años, a los Josés y no a los Davides. Sí, querido papá, ¡qué orgulloso me siento de que sirvas a tu país como un valiente caballero dispuesto a realizar el sacrificio supremo! ¡Cómo desearía poder tener tu edad: con qué placer me pondría mi armadura y me lanzaría a combatir contra aquellos nombrables filisteos!

(Robert Graves, en Adiós a todo eso.)

Buen agosto a todos, nos vemos en septiembre. Con el libro, el 20.

Abrazos.

viernes, 4 de marzo de 2011

Los dos que faltaban





Ya están todos los libros, los 20 (o 21, contando el pack de Bevilacqua) que conforman la oferta digital. El que veis sobre estas líneas es uno de los dos inéditos: Tres mil metros en la noche, 55 ficciones breves inspiradas en hechos reales que fueron apareciendo en elmundo.es, pero que aquí se reúnen (revisadas) para conformar un libro que permite repasar en 52 historias el año que va de la primavera de 2009 a la primavera de 2010. También, acceder a las tres ficciones precursoras de este proyecto, escritas entre 2001 y 2008. La primera de ellas, con las Torres Gemelas recién derribadas; la tercera, con el crack del 2008 ya abatido sobre nosotros.

El título se debe al instinto de mi editora, Silvia Sesé, que fue la que lo eligió, y corresponde al primero de los relatos, que está tomado de un vídeo real grabado en Irak por la cámara infrarroja de un cazabombardero norteamericano A-10 Thunderbolt. El cuento en su versión original (en el libro está algo pulido y retocado), así como el vídeo, que no tiene desperdicio, los tenéis pinchando aquí.




En fin, imágenes de nuestra civilización, dentro de un empeño narrativo que sigo desarrollando, por cierto, semana a semana en elmundo.es bajo el título de vidas.zip.


El otro libro es El misterio y la voz:




Un ensayo que les sonará a los visitantes de mi web, donde llevaba una década alojado en una versión digamos embrionaria de la de hoy. Porque para esta ocasión lo he corregido y ampliado significativamente. Entre otras cosas, en estos últimos años han salido libros excelentes sobre Chandler, Proust y Kafka, que es de quienes se trata. Pero no teorizo sobre ellos al estilo de los académicos (aunque me apoyo en alguno de los hombres sabios que los leyeron con lucidez, desde Benjamin a Nabokov, pasando por Pla). Más bien trato de aproximarme a los mimbres con que tejieron sus cestos, a los afanes y a la humanidad, con sus flaquezas incluidas, de tres que supieron ser buenos amigos y mejores maestros.

En fin, no sé si serán de vuestro interés. Si lo fueren, tanto uno como otro (como es regla, en un bonito y cuidado epub sin DRM) están disponibles de momento aquí (los cuentos) y aquí (el ensayo), con alguna información adicional (y alguna que no procede, como las alusiones al DRM que, ya os digo, no llevan). Dentro de dos semanas, estarán en multitud de canales.

El precio, en ambos casos, es de 3,99 euros.

Para aquellos que entren por un canal que no permite venta internacional, que sepan que hay otros sí la hacen, por ejemplo Casa del Libro (aunque el primer día hubo algunos fallos que creo que se han subsanado, o eso me han dicho quienes los padecieron). Pero en lo sucesivo, muy pronto, habrá aún más canales con acceso desde cualquier lugar del mundo. Y recuerdo a los que tengan iPad, o Kindle, que ambos pueden leer estos epub sin problemas (en el caso del Kindle, mediante una conversión con Calibre, software gratuito, que no es en absoluto problemática).

Y para terminar, que me enrollo, no puedo sino agradecer a los medios su reflejo de la noticia. Sale en todos los periódicos. Desde El País o El Mundo hasta los de multitud de provincias. [Por cierto, rectificando dos detalles de la por lo demás concienzuda información del primero, ni tengo Facebook -opto por Twitter- ni es exacto el título que dan del ensayo que, repito, se titula El misterio y la VOZ]. Pero sé que la gratitud os la debo antes a vosotros, que respondiendo a esta apuesta como lo habéis hecho le otorgáis toda la relevancia que pueda tener.

Abrazos.

miércoles, 18 de agosto de 2010

El banco de Kafka





El banco está en el barrio de Steglitz, antiguo suburbio de Berlín, hoy engullido por la desbordante capital alemana (y de Europa, seamos realistas). A apenas treinta metros de la Grunewaldstrasse, donde tuvo su residencia Franz Kafka desde fines de 1923 hasta febrero de 1924, es decir, hasta cuatro meses antes de morir. Allí vivió con su amada Dora Dymant, los dos pobres como ratas, pero felices, en un Berlín devastado por la hiperinflación donde los alojó un tal Seifert, judío checo como ellos. Su situación económica era tan extrema que Dora le cocinaba en una lata de conservas sobre un infiernillo. Según cuenta su editor, Kurt Wolff, de su primer libro le liquidó 125 ejemplares, que Kafka consideró muchos más de los previsibles. En total, incluyendo las ventas de su best-seller, la novela corta Die Verwandlung (que casi todos conocemos por La metamorfosis en español, y que tuvo tres ediciones de apenas 1.000 ejemplares cada una), Kafka no vendió en vida arriba de 5.000 libros. De donde se sigue que lo que vendemos todos los demás, mucho o poco, es absolutamente inmerecido y debemos dar gracias cada día.

La casa está en el número 13 de Grunewaldstrasse (un número de la suerte, para él, porque allí vivió con la mujer que, al fin, supo amarlo). Así se ve hoy:




Una placa sufragada por el gobierno de Austria recuerda el inmueble como residencia temporal del "österreichische Dichter" Franz Kafka. O lo que es lo mismo, del "poeta austriaco" FK.




Quizá no sea del todo inexacta, aunque protesten los lectores de sus novelas y sus vecinos praguenses. Porque nacido en lo que hoy es la República Checa, Kafka fue un genuino producto de la cultura del Imperio Austrohúngaro. Y porque en Kafka hay mucha poesía. Incluso escribió alguna:

Es gibt, ein Kommen und ein Gehen,
ein Scheiden und oft, kein Wiedersehen.

O traduciendo libremente:

Vamos y venimos,
nos separamos y, a menudo,
no volvemos a vernos.

El banco está en un parque de sugerente nombre: Schwartzsche Villa.



No estoy seguro de que estuviera abierto al público en 1923-24 (tiene toda la pinta de ser el antiguo jardín de un ricachón) pero me gusta imaginar que Kafka se sentó alguna vez allí. Y me hizo ilusión fotografiar su fantasma, mucho más intenso y poderoso que muchas personas vivas y de carne y hueso, porque ese es el privilegio de los poetas universales.

En fin, quienes me conocen saben que no podía dejar de ir, estando en Berlín. Aunque viajara allí para descansar y también para buscar los lugares de otra historia, en la que me embarcaré a la vuelta de estas vacaciones, que la ociosidad es la madre de todos los vicios.

Abrazos.

P.S.: Ah, se me olvidaba. Chamorro, Vila y Arnau dejaron hecha una tareílla veraniega antes de irse. Podéis leer el comienzo aquí. En el mismo periódico encontraréis las entregas sucesivas, tres hasta hoy y otras tres hasta el sábado, cuando se desvelará todo.

sábado, 22 de mayo de 2010

La noche de la literatura





Sucedió el pasado día 12 de mayo en Praga. Más concretamente en el Muzeum Hudby (el Museo de la Música, en Malá Strana, muy cerca de donde está el famoso Jesusito). Ved en la foto de más abajo qué impresionante es su patio interior.




Fue una lectura de un par de pasajes de la traducción al checo de La flaqueza del bolchevique, que dicho sea de paso es de justicia consignar que le debo a Eva Blinková-Pelánova, cuyas impresiones sobre la tarea podéis leer aquí.

Al bolchevique de mi cuento le puso voz el actor checo Miroslav Taborský (conocido del espectador español por su intervención en La niña de sus ojos). Los fragmentos que leyó me pidieron que yo mismo los sugiriera. Y me dicen que me hicieron caso, así que el público de la foto de arriba bien puede estar escuchando (pero en checo) esto:

Las creen­cias recorren invaria­blemente un camino natural, desde su subleva­ción contra otra creencia inicua hasta su transfor­mación en la nueva iniqui­dad que será preciso destruir. El dolor y la belleza, en cambio, son irrefuta­bles porque no se miden con ninguna creencia ni exigen que ninguna creencia se ponga a su servicio. Ningún hombre vale lo que cree, sino lo que ha deseado y lo que le ha sido dado sufrir. Cual­quier hijo de perra o cualquier borrego puede creer cualquier cosa. Los elegidos lo son por el éxtasis o el infortunio. Los mejores, por ambos.

O quizá esto otro:

Uno puede haber meditado mucho, haberse esforzado por asumir la propia diferencia y hasta por convertirla en un orgullo. En realidad, quién no procura salvar­se de su tara convirtiéndola en insignia. Todo eso está bien, pero a veces, cuando uno anda desprevenido, viene la oscura conciencia que uno de los débiles más implacables que ha dado la historia, ese checo desgarbado llamado Franz Kafka, dio en simbolizar en un pobre tipo que una mañana se vuelve escarabajo y es repudiado por su familia, que se va de excursión cuando al fin el escaraba­jo muere. Como es sabido, dos de las cosas que más ferviente­mente desea el bípedo sin plumas son que nadie le repudie y que después de morirse nadie pueda hacer excursiones.


Mi agradecimiento a los organizadores, al lector, al público (unas 800 personas, en 12 tandas) y a Eufrasio Lucena, de la embajada de España en Praga, que me facilita toda esta información para poder compartirla con vosotros. No digáis que no es una cosa bonita y reconfortante. Os pego otra foto de la sala, a la que me enorgullece pensar que por mi culpa regresó el espíritu inmenso y luminoso de Franz Kafka, así fuera tan sólo por una noche.




Abrazos checos.