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sábado, 17 de enero de 2009

Desierto





No sé por qué hoy me apetecía recordar esto. Es una entrada de diccionario que escribí hace tiempo. Un encargo. A veces los encargos te dan que pensar. Y eso es bueno.

Desiertom1. Lugar generalmente libre de presencias humanas casuales. 2. Espacio donde claman por lo común aquellos a quienes asisten la razón y la justicia. 3. Destino frecuente de aquellos a quienes la justicia o la razón dejan de asistir. 4. Paraje donde los zorros acreditan su astucia, los espejismos su belleza, las rosas su perennidad. 5. Retiro donde acaban viviendo, si es que alguna vez salieron de allí, los espíritus puros.

La imagen de arriba es de la playa de Sidi-Dris, en el Rif marroquí. Les dirá algo a los lectores de El nombre de los nuestros (espero). Quizá no sea el desierto según la idea convencional, pero allí no había nadie cuando fui. 



Seguramente la culpa de mi apego por el desierto la tiene el señor de la imagen que hay antes de estas líneas: Thomas Edward Lawrence. De él y de mi vínculo con él saben otros lectores, los de El cazador del desierto. Y de lo que es y hace el desierto, habla la imagen de abajo. La última que se conserva de Lawrence. Su cuerpo estaba para entonces lejos del desierto, pero su alma, como expresa su mirada, se había quedado allí. Es una de las fotografías de seres humanos más hermosas que conozco. Para vosotros.