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martes, 17 de septiembre de 2013

Siete ciudades en África






Hoy, 17 de septiembre, se ha puesto a la venta. La próxima semana lo presento en Madrid,  y dentro de dos, en África, como corresponde. Hemos elegido al efecto Melilla, de las siete ciudades acaso aquella con la que me une una relación más intensa y especial.

Lo que el libro trata lo cuenta así el editor. Y en esta entrevista tenéis más información.

Poco tengo que añadir, para presentarlo. Puedo decir que es un libro que explora un tema que me interesa desde siempre y sobre el que tratan ya otros (El nombre de los nuestros, Del Rif al Yebala o Carta blanca), pero en este caso lo hago con un enfoque peculiar, a través de la historia de siete ciudades, fundadas, levantadas o pobladas por españoles en tierras africanas, que me permite construir el que quizá sea el más divulgativo de mis textos sobre el Marruecos español. Quien no sepa nada de aquella apasionante y por momentos tremenda historia, creo que puede situarse razonablemente en poco más de 200 páginas, con un excelente cuadernillo de ilustraciones.

Doy gracias a mis editores en este empeño, Ana Gavín e Ignacio Garmendia, por la oportunidad de contar con este hermoso libro (me refiero a su condición de objeto) en mi bibliografía.

Curiosamente, la estampa final de este libro que trata de ciudades se sitúa en despoblado, en un lugar que ya mencioné alguna vez aquí.

Es ésta:






Y al mirarla de nuevo me he acordado de tres cosas que recogí de allí, y que me he molestado en fotografiar para vosotros:






Son un trozo de una vasija (quizá fenicia, hay un yacimiento de esa época allí, bastante descuidado, todo hay que decirlo), un trozo de metralla (posiblemente de los proyectiles de los barcos españoles que bombardearon ese promontorio cuando lo ocupaban los marroquíes) y un fósil que recuerda los tiempos en que aquello era tierra sumergida. Todo tiene una historia detrás, naturalmente.

El que quiera conocerla, ya sabe dónde está.

Abrazos.

sábado, 29 de enero de 2011

Verde que te quiero verde





¿Alguien adivina de dónde es la foto? ¿Gales, Bretaña, Escocia? Agua. Está tomada entre Kenitra y Larache, hace un par de días. Agua, sí, por todas partes, y un verde esmeralda que casi dolía en los ojos. He escrito muchas páginas sobre Marruecos, tratando de explicar por qué me parece un lugar lleno de intensidad y cargado de atractivo. Pero esta vez voy a dejar que os hablen las imágenes, con pies de foto mínimos. Fijaos en el color, el cielo, la luz. Podría remitiros también a los olores, a los sonidos, a un sinfín de sensaciones, todas muy vivas aún en mi memoria después de un periplo de cinco días por tierras marroquíes, de la mano del Instituto Cervantes (una de las mejores cosas que hemos hecho y hacemos los españoles en Marruecos) y en compañía de un buen amigo y compañero, Francisco José Jurado.

Pero eso será otro día, si acaso. Ahora sólo mirad (si queréis, claro).



Fez, un vistazo a la mezquita Qarauiyn. Desde fuera, está prohibida a infieles.




Tetuán, desde una azotea de la medina. Patrimonio de la Humanidad pero todavía fuera de la ruta convencional. Por eso sigue siendo una de mis preferidas.




Otra vez Tetuán: la luz, los colores, la gente, y al fondo el teatro español.




Rabat, Kasbah de los Udaia. Antiguo corazón de la república pirata de las dos Salé. Otro rinconcito fuera de lo consabido, y que uno lleva en el corazón.




La ría de Bu Regreg, rebosante, desde la Kasbah de los Udaia. Se nos unió el arco iris.




Un detalle de mi desayuno de esta mañana. No son ricos, y encima es una cafetería de aeropuerto, pero en cada mesa había una rosa amarilla recién cortada. Tienen esas cosas.


Y hasta aquí ha llegado el reportaje, por esta vez. Volveremos, Insh'Allah. Abrazos a todos.