miércoles, 29 de junio de 2011

Internet y yo (Help me, Walter Benjamin!)





Hay cosas de Internet que me encantan. Y quien me conoce un poco sabe que esto no es de ayer. Llevo quince años aquí, y enredando todo lo que me dejan mis múltiples trabajos. Pero otras cosas de Internet, las detesto. Por ejemplo, las afirmaciones contundentes y/o insultantes que se permite hacer cualquier desinformado. Se me podrá objetar que esto no es nuevo, que Internet es un espacio más en el que florece la condición humana de siempre. Pero antes de Internet a ese desinformado lo leían y creían (con suerte) su familia y amigos. Ahora llega a cualquiera, y cualquiera se puede creer sus errores, que terminan por ser falsedades. Y eso tiene un punto que cuesta soportar, cuando te afecta. Aunque estoy en ello.

Ayer se publicó en El Mundo una entrevista a cuatro personas: Miguel Bosé, Gonzo Suárez, Agustín Díaz-Yanes y un servidor. Como es lógico, el periodista puso de titular una frase del famoso, que es Bosé. Una frase poco afortunada, por varias razones. Y a partir de ahí, se inició la reacción/linchamiento, que por supuesto me abarcó. Contaba con ello, es el precio de exponerte a dar tu opinión cuando no es convencional o neutra. Pero necesito puntualizar tres cosas:

1. No comparto en absoluto, es más, me parece de todo punto inoportuna, la aserción del cantante al llamar catetos a los habitantes de este país. Cierto es que yo, como recoge el periodista, aunque no en la exactitud absoluta de lo que dije, hice una alusión a la incultura ancestral de los españoles. Pero eso es un hecho contrastado (tasas de analfabetismo del 75% hace poco más de un siglo, índices de abandono escolar muy superiores a los de nuestro entorno). Lo otro es un insulto gratuito y no aporta nada.

2. Me revienta que me rebatan diciendo que mis libros son malos (pues no los lea, no era ésa la cuestión, seguramente a mí tampoco me gustarían los suyos, si los escribiera) y sobre todo que no se pueden conseguir por lo legal. Ejemplo de afirmación categórica sobre lo que se desconoce. Basta con entrar en cualquier tienda, para ver que puede llevárselos a un precio que para algunos títulos es de poco más de dos euros, pero al "informado" opinador que mete ese cazo, y a quien quiera secundarlo, le remito a la noticia, de hace cuatro meses.

3. En una entrevista el periodista recoge sólo lo que le cabe o lo que le interesa de lo que uno dice. Para expresar de veras lo que quieres están tus textos, los que tú escribes. Y nadie podrá acusarme de ser vago a ese respecto. Remito al interesado a éste (también disponible en catalán, aquí), y me permito transcribir a continuación el que publiqué en La Vanguardia el pasado miércoles día 22, pero en papel, y que no he visto en digital. Entre otras cosas, recurro a un pensador de verdad, de los de antes, de los que no opinaban con lo primero que habían leído, y habían leído bastante más y mejor que los opinadores de ahora, y además no habían perdido el hábito de pensar cuestiones complejas: Walter Benjamin. Gonzo Suárez me dijo que escribir en estos días tales cosas era perder el tiempo. Espero que se equivoque.





La obra de arte en la era de su reproducibilidad digital


“El acrecentamiento sorprendente de nuestros medios, la flexibilidad y la precisión que éstos alcanzan, las ideas y costumbres que introducen, nos aseguran cambios próximos y profundos en la antigua industria de lo Bello”. Con estas palabras de Paul Valéry se abre el opúsculo La obra de arte en la era de su reproducibilidad técnica, del pensador berlinés Walter Benjamin. El texto es de 1936, y tanto en su cita inicial como en muchas de sus ideas resulta esclarecedor para meditar sobre la revolución digital: la última y más poderosa forma de reproducibilidad técnica de la obra artística, cuyo impacto sustancial sólo desde la miopía, aunada a la imprudencia, puede desdeñarse.

La reproducción técnica de la obra de arte, viene a decir Benjamin, la sustrae a su función ritual y minoritaria, para ponerla a disposición de la masa o el público. Con ello, nos dice, “se trastorna la función íntegra del arte”. El público pasa a ser el decisor que impone su veredicto. Y como advierte Benjamin: “El público es un examinador, pero un examinador que se dispersa”. Lo que, bajo ropajes de benéfica democratización, puede tener efectos adversos. En 1936 están en su apogeo los fascismos y totalitarismos, que, para mejor catalizar la voluntad de las masas, fijan también códigos de expresión cultural y artística.

En el cine, la música y ahora la literatura, tres campos del arte que además lo son de comunicación de masas, la digitalización, como estadio definitivo, instantáneo y universal de su reproducción técnica, ha producido una revolución irreversible, con dos consecuencias inmediatas: 1. La necesidad de cambiar el modelo de industria cultural vigente hasta la fecha, basado en otra realidad económica y física; y 2. La urgencia, puesto que los humanos, como animales sociales defectuosos, precisamos de reglas para no abusar los unos de los otros, de revisar la legislación destinada a procurar un devenir justo, legítimo y socialmente provechoso del nuevo espacio comunitario y económico que surge en torno al objeto cultural en soporte digital.

Lo primero, la adaptación industrial, aún está en mantillas. La industria debe esforzarse más en crear un escenario de oferta que permita la casación con una demanda verosímil. La fijación de precios disuasorios y otras barreras, para defender la versión analógica del producto, es un error que sólo conduce al surgimiento y desarrollo de un mercado irregular, en beneficio de agentes de tipo parasitario. La pertinente defensa del soporte analógico (cuando tiene, por ejemplo, un valor cultural y social como los que representa el libro), no está en el frente digital, donde con esa estrategia se pierden ambas batallas. Es una empresa autónoma, que merecería reflexión aparte.

En cuanto a lo segundo, la adaptación de las reglas del juego, al menos en nuestro país no es una prioridad de los responsables públicos, que se limitan a poner parches de emergencia, jurídicamente vulnerables por su misma improvisación. El mundo digital exige leyes de nueva planta y aptas para ventilar los pleitos en tiempo y forma (y no al cabo de diez años, porque eso, aquí, equivale a invitar a la vida selvática). Hay muchos derechos y euros en juego para que todo quede fiado a la astucia de unos, la audacia de otros y la inercia ventajista del resto.

Quien crea una obra de arte que el público demanda y disfruta es titular de un derecho legítimo y además socialmente provechoso. Imponerle su expolio, como se hace desde ciertos sectores que intentan catalizar a las masas en beneficio propio (ya sea para alimentar otros negocios o para aumentar su relevancia social), es una tropelía que no podemos alentar ni jalear por más tiempo, igual que hace ya años dejamos de tolerar que por nuestras carreteras se corriera de forma suicida.

Hay que establecer una nueva regulación de la propiedad intelectual, en un contexto distinto, cuidando a la vez de su función social (que el entorno digital permite maximizar, para el acceso a la cultura de quien no tiene medios) y amparando una explotación económica justa, donde los esfuerzos de creadores, productores y editores sean retribuidos por quienes tienen capacidad económica para hacerlo, con arreglo a los costes y al legítimo beneficio que debe obtener, en una economía de mercado, quien ofrece algo valioso. Para ello, deben mejorarse los mecanismos de identificación legal y neutralización judicial de los agentes oportunistas que propician la apropiación arbitraria y masiva, y que son los realmente nocivos para el sistema.

Ordenando así el tráfico cultural, con reglas coherentes con su nueva realidad, y una administración de justicia adecuada a ella, podemos generar espacios de autorregulación y de cumplimiento voluntario, y evitar el recurso sistemático al Código Penal, estrategia fallida por definición. Y más cuando el tipo penal es tan anticuado como el hoy vigente en España, eludible por el simple subterfugio de realizar el expolio lucrativo de la propiedad intelectual ajena en un sitio web y enlazarlo desde otro. Cambiar el tipo penal, yendo a la sustancia del acto de apoderamiento y de su rentabilización ilegítima, pero habiendo optimizado antes la ley civil y su control administrativo y judicial, proporcionaría un instrumento útil que apenas habría que usar, como sucede con el tipo penal que castiga el atraco a mano armada.

No puede ser por más tiempo que en este país se lucren con la creación quienes no la nutren, burlando los derechos de unos trabajadores dignos de protección y lesionando el erario público, que deja de recaudar los tributos que esa riqueza debe devengar. Tampoco puede ser que quienes estamos en esto no nos acompasemos a la nueva era. El reto es para todos. El desastre, si no lo encaramos, también. Hace 70 años, España, en su tradición culturicida, le cerró las puertas a un intelectual acorralado: Walter Benjamin, que murió solo y aterrado en Portbou. No vayamos a recaer, justamente ahora, en el “que inventen ellos”.


(Artículo publicado en el suplemento Culturas de La Vanguardia, el 22 de junio de 2011).

(Créditos de imagen: La imagen que abre este post es de Munkywa, compartible según su página, a la que he enlazado. Si alguien conoce que tenga alguna restricción de derechos, por favor que me lo haga saber para retirarla).

Abrazos.

domingo, 19 de junio de 2011

Lo que (no) hay que leer






Hoy he hecho tiempo en el aeropuerto. Mientras mi hija buscaba un regalo de Ratoncito Pérez, he hojeado un curioso librito, el que tenéis en la foto.

Da algo así como unas prescripciones de lo que hay que leer, ver, escuchar, etcétera para tener una verdadera cultura española.

Cómo no, toca la literatura. Y llega a la del siglo XXI. Le dedica (a la literatura supuestamente imprescindible del siglo presente en España) tres páginas. Una entera (más algunos renglones), para glosar la obra de uno de los coautores del libro, con todo detalle de títulos, premios y méritos. Aparte de él, hay un puñado de nombres, como una decena, y de ninguno más de cuatro o cinco líneas.

Parece que el libro va en serio.

Al cerrarlo, una pregunta resonaba estruendosamente en mi cerebro: ¿Qué demonios pintan el noble Alonso Quijano y el generoso Sancho Panza en la cubierta?

Abrazos.

lunes, 30 de mayo de 2011

Feria del Libro






Este año no tengo libro nuevo, salvo que se considere que la temporada comienza en septiembre, en cuyo caso el que tengo es Sereno en el peligro, que es de octubre pasado. Y salvo los e-books, que no se pueden firmar (que por cierto, eso habrá que resolverlo algún día).

Por eso, y porque estoy enfrascado hasta las cejas en escribir el próximo, sólo voy un fin de semana a la Feria del Libro de Madrid. Y será el último de todos. Así acudo sin la menor presión competitiva, sólo a ver a los amigos, que es lo que apetece del asunto.

Os detallo las firmas y las casetas a las que yo me he comprometido. Cualquier otra cosa que veáis publicada por ahí es incorrecta. No sé por qué, en este asunto suelen deslizarse errores todos los años:

Viernes 10. 19.00-21.00 h. Rafael Alberti. Caseta 97.

Sábado 11. 12.00-14.00 h. La Regenta. Caseta 138.

Sábado 11. 19.00-21.00. Casa del Libro. Caseta 55.

Domingo 12. 12.00-14.00. El Corte Inglés. Caseta 348.


Pues nada, allí nos vemos, quienes queráis. Que el Retiro es siempre el mejor sitio de Madrid y en estos días en que lo toman los libros y los lectores, más todavía.

(Ah, la foto es de los libros que el azar ha reunido en mi mesa en estos días. No significa nada en particular. O sí...)

Abrazos.

viernes, 27 de mayo de 2011

Escuche, senyor Felip Puig






El vídeo lo grabó mi amigo Javier Puebla en la Puerta del Sol, la medianoche siguiente a las últimas elecciones. Que los políticos electos sigan metiendo la pata como la ha metido hoy el ciudadano Felip Puig, conseller de la porra de la Generalitat, al ordenar el desalojo contundente de la Plaça de Catalunya de Barcelona (con el pasmoso motivo de despejar el espacio público para un acto de una entidad privada, como lo sería la celebración de un eventual triunfo del Barça en la final de la Champions). Que sigan, sí, y habrán de irse acostumbrando a ese estruendoso silencio, y al sonido que finalmente lo rompe. No parecen enterarse de que sí, algún perroflauta habrá, pero esto viene de mucho más hondo, y va por ellos.




La policía puede detener y/o denunciar al que desobedece las órdenes de la autoridad, puede repeler a quien le pone una mano encima (quien hace cualquiera de esas dos cosas, ya sabe a lo que se expone, en un estado de Derecho). Pero pegar a quien sólo alza las manos siempre ha sido una indignidad. Aquí y en Pekín, ahora y en la Edad Media. Y por encima de todo, en democracia, es un inmenso error. Quien les ha dado esas órdenes a los ciudadanos policías de la imagen, les ha hecho un flaco favor. A ellos como individuos, primero, y después, a la institución a la que pertenecen.

Abrazos

domingo, 22 de mayo de 2011

¿Algo pequeñito?





Siento que suene a cita de uno de esos temas suicidas que tenemos por costumbre presentar a Eurovisión (para bien: nos evitan ganar y el coñazo de tener que organizar esa horterada anacrónica). Pero es la pregunta que me surgió al leer el cartel que veis en la foto.

Algo bonito, sí, pese a todas las reticencias que legítima o ilegítimamente despierta. Que también le despierta a este servidor, antes y después de pasearse, como hizo anoche, por la recién nacida (y de incierto pronóstico) República de Sol. Las propuestas formuladas hasta la fecha por los concentrados combinan lo racional y lo imprescindible con lo gratuito y lo ilusorio. En la plaza convive gente de veras indignada con gente que se distrae, que liga o que va dando caladas al porrito con los ojos soñolientos (que no soñadores) en medio de una nube de buen rollito que todavía no se cree. Nadie lea esto como una censura. Me parece bien distraerse, me parece bien ligar y aunque no está entre mis hábitos inhalar humo de ninguna especie, reconozco el derecho de cada cual a hacer con sus pulmones y neuronas lo que guste, si no joroba los pulmones o las neuronas de otro. Lo que quiero decir es que en algunos aspectos y desde algunos ángulos el 15-M resulta un tanto somero.



Que no irrelevante. Creo que quien así lo juzga, yerra. Junto a este lado más evanescente, hay en los carteles, de los que me he permitido poner aquí una muestra, pero más importante aún, en las mentes y los corazones de los congregados, verdades hondas y silenciadas de forma insoportable durante demasiado tiempo. Hay el estallido de una conciencia reprimida, de una justicia postergada, de una esperanza sofocada bajo cálculos sin alma y sin juicio. Y se nota en la solidaridad, la organización y el respeto mutuo que imperan en la plaza.



Esto, como toma de conciencia, era necesario y es saludable. Junto a algunas obviedades vacuas, algunas candideces notorias o los meros plagios de mayo del 68 (ese movimiento tan poco reivindicable, vista su estela de humo y deserciones), consuela ver la calle empapelada de letreros que dicen alto y claro esa verdad oportuna, la que concierne a la intolerable corrupción y el paulatino torcimiento de nuestra democracia, y que piden, antes de que sea demasiado tarde, que regrese a la esencia de esas antiguas y dignas declaraciones convertidas en hueca fórmula por una praxis en manos de trileros, mediocres y simples forajidos.




No sé adónde llegará, esta #spanishrevolution, si no descarrilará o la harán descarrilar, sus enemigos, los que quieran aprovecharse de ella o sus propios partidarios. Pero por mi parte, la siento como un paso adelante. Prefiero que estos chavales estén ahí, diciendo y diciéndose algo. Hasta ahora, la salida a la frustración y al negro desafío de un futuro cegado era el botellón. Se han sacudido ese cepo, que los hacía inofensivos, y de qué manera.



Sin compartir todo lo que piden, anoche me senté con ellos a hacer su minuto silencioso de buena gana. Y es agradable sentir esa protesta no violenta, de extraña delicadeza.

Aunque su mensaje, de pronto, puede ser un puñetazo. Basta con ver esta foto:



El Himmler con orejas de Mickey y el € en lugar de la Totenkopf en la gorra, estremece. Pero antes de considerarlo un despropósito (acompañado de ese "No nos representan" dirigido a gobernantes a fin de cuentas democráticos) piénsese en el exterminio de la ilusión, en el exterminio del futuro para tantas personas bajo los gases tóxicos de un pensamiento único, basado en la voracidad y el miedo, con el remate de este desplome económico generalizado que la ineptitud de sus gestores, unida a su petulancia, nos ha traído.




Con todos sus fallos, el sistema tiene sus logros. Por ejemplo, toda esta gente puede estar donde está y diciendo lo que dice sin que la policía la desaloje, y menos aún le dispare (cosa que no pueden decir los sirios, verbigracia). No estamos ante un edificio para el que resulte exigible el derribo, ni mucho menos. Pero sí una rehabilitación a fondo. Impostergable.

Tendremos que agradecerles que se hayan negado a seguir callando. Y los que han ganado elecciones esta noche, y también los que las han perdido, por su torpeza y por su elusión de la realidad, no cometan la imprudencia de pasarlos por alto. Estos chicos (y no tan chicos) no son perfectos, pero no se merecen que se los ignore. Pero es que además hay algo que va más allá de esa plaza: mucha gente no vota, un millón vota blanco o nulo y muchos sin el menor entusiasmo. No lo olviden. Cuando menos, es algo que bien justifica una reflexión.

Abrazos.


Postdata: Hoy (lunes 23) volví a pasar por Sol. No pude evitar hacer esta foto:




Sólo por esa pancarta de la derecha, merece la pena esta movida. Creí que nunca leería una exhortación así, como creo que debe hacerse, como lo que es: un mensaje de insurgencia que interpela al transeúnte. Hay esperanza. Belén Esteban y sus aviesos programadores no han devastado todos los cerebros.

Más abrazos.

jueves, 19 de mayo de 2011

Por algo será





No es normal, ni mucho menos, que España sea portada, de esa guisa, de uno de los más grandes diarios norteamericanos (el que se zumbó a Nixon, para quien no lo sepa o recuerde). Ver Sol, la plaza que otras veces fue de la libertad para los españoles, en esa foto enorme, es emocionante para un español que anda por tierras de yanquis. Que en España haya periodistas y tertulianos riéndose es un signo de cómo está el nivel del gremio.

No todos los que están en el movimiento son de mi agrado (lo que seguramente dice en su favor, por su pluralismo) pero la petición que ha logrado aglutinar a tanta gente (y que no es la de las descargas gratis, precisamente) resulta impostergable: listas abiertas ya. Que pare ya eso de ser diputado por caer bien al jefe provincial del partido y apretar el botón que le mandan.

Parecía imposible, pero quizá hoy lo es un poco menos.

Abrazos desde Brooklyn (por cierto, también el periódico local, el New York Times, otra gacetilla sin importancia, trae la noticia),


domingo, 15 de mayo de 2011

Sábado, periódico, Brooklyn





Qué tendrá leer el periódico un sábado ante un horizonte despejado. No lo sé, pero es un vicio en el que me gusta reincidir.

Y más cuando el horizonte es éste. El que se ve desde Brooklyn (o más exactamente desde Brooklyn Heights Promenade), y al que no puedo dejar de volver cada vez que vengo a Nueva York. De hecho, es aquí, en Brooklyn, donde prefiero alojarme. Manhattan, mejor para verlo en la distancia. Brooklyn es, en NY, lo que más cerca puedo llegar a sentir como un hogar. Por eso se lo puse aquí al protagonista de El ángel oculto. Además, tengo hasta mi propia calle:




Bueno, es broma. También me gusta pasear por Manhattan de noche. Una prueba:




Pero me reitero en que para sentirse como en casa, nada como Brooklyn. Si es que uno gusta de de buscar esa sensación en lugares extranjeros, como es mi caso.

Abrazos.

Postdata.: En el NYT del domingo, que es el que acabo de leer, dos noticias de impacto: 1. Al director del FMI lo saca la policía de un avión de Air France en el aeropuerto JFK, acusado de abusar de una camarera en un hotel de Manhattan. 2. El fundador de Blackwater está montando un ejército de mercenarios, principalmente colombianos y sudafricanos, entrenados por ex militares USA y de la Legión Extranjera francesa, para ponerlos al servicio de los jeques del Golfo, entre otras cosas por si sufren alguna revuelta pro-democracia. Reeditamos la figura de los pretorianos y (salvando la presunción de inocencia, siempre) los poderosos parecen seguir apegados al derecho de pernada. Qué medieval resulta la actualidad.