jueves, 10 de diciembre de 2009

Coll de Belitres





El paraje está pasado Portbou, un pueblo verdaderamente impresionante, que a su emplazamiento de abrupto contraste (encajonado entre las montañas y el mar) une un aire fantasmagórico, el que le proporcionan los abundantes rastros de su antigua condición fronteriza (entre la España autárquica y la Europa sacudida por los vientos del siglo, desde la ocupación nazi hasta el Mercado Común). Una condición que quedó pulverizada tras nuestra adhesión a la UE. Portbou fue el límite entre dos mundos, lo que sin duda generó una vida compleja y buena parte del movimiento que debió de haber en otro tiempo en sus calles. Ahora ya no marca nada, o casi nada, y dondequiera que uno mira se topa con edificios vacíos.

Pero el Coll de Belitres, lo que sale en la imagen, es otra cosa. Por él pasaron los 100.000 fugitivos del descalabro republicano. La foto está hecha desde España, pero al otro lado ya es Francia. Para toda aquella gente, el exilio, en muchos casos definitivo. Continuando por esa carretera, al cabo de un buen rato, se encuentra Collioure, un pueblo de apabullante belleza, con su iglesia asomada al mar y su fortaleza medieval abrazada por dos ensenadas. Allí terminó el viaje Antonio Machado, en unos días azules y bajo el sol de su infancia.

El lugar (me refiero al Coll de Belitres, esa raya invisible y que lo fue sin retorno) sobrecoge. Y más si llega uno y no hay nadie, o casi nadie. Qué atronador, su silencio.

Podría haber puesto otras fotos, después de unos días en el Alt Empordà. Pero las del cabo de Creus y las de Port Lligat se me borraron. Quiso sobrevivir ésta. Por algo será.

2 comentarios:

Paco Gómez Escribano dijo...

Qué bonita la foto y qué significativa por lo que comentas de punto fronterizo del enclave, tránsito de todas esas miles de personas que al término de la Guerra Civil no cabían en la pulcra y acaudillada España de nuevo cuño forjada a golpe de fusil y bombas.
Espero pasarme algún día por allí y comprobar la belleza de la que hablas in situ, tanto de Port Bou como de Collioure.
Un abrazo.

José Antonio dijo...

La de horas que habré pasado junto a esa caseta fronteriza cuando aun existían dos mundos y una línea en la carretera. Voy todos los años en verano y ese un pueblo muy tranquilo y una sombra de lo que fue antes de que se abrieran las fronteras.
Te felicito por tus libros en alguno de ellos me siento identificado con uno de sus personajes.

Un saludo