
Hoy me dio por escribir la pieza semanal de vidas.zip acerca del trágico y deplorable asesinato múltiple de Olot. Me parecía, por terrible, una historia emblemática del momento.
Pero me temo que he tenido una mala idea. He recibido algún mensaje de empleados de banca en el que me piden que rectifique mi "artículo", que consideran incita al desquite y la violencia con su colectivo como reacción a la crisis.
La cosa me ha dejado tan estupefacto que creo importante aclarar varias cosas:
1. El texto no es un artículo, sino un cuento. Sé que no es común encontrarlos en los periódicos, y eso puede llevar a equívoco, pero precisamente esa era la apuesta, llevar la literatura a un medio de comunicación con carácter regular (en este caso, semanal).
2. El texto es una ficción. Inspirada en un hecho real, el acaecido en Olot, pero recreado con las libertades que puede y debe tomarse la literatura, siempre que advierta de ellas. Y en la propia presentación de la serie vidas.zip (ver recuadro a la izquierda) se precisa con toda claridad que los relatos son "ficciones destiladas a partir de la realidad".
3. El texto tiene un narrador y un protagonista. Sus voces se diferencian perfectamente: el narrador habla en el primer párrafo y en el último. En los del medio, se recoge el proceso mental del protagonista, el asesino de ficción (que no el real).
4. Queda claro que ese asesino (de ficción) es una persona ofuscada y posiblemente perturbada. Sus propias acciones, y sus razonamientos, calenturientos y desproporcionados, así lo acreditan. Pero para que no quede duda se habla de "su cerebro nublado por el rencor"
5. Es ese asesino el que culpa a los empleados de banco. Y del contexto del relato se desprende perfectamente la barbaridad de la imputación, por la nimiedad que puede achacarles, devolverle un cheque sin fondos como es su deber (y nunca su culpa)
6. El narrador, que ofrece la distancia "objetiva" respecto de los hechos, y es el que podría si acaso representar al autor, califica la acción del asesino de "triste, absurda e inútil", y a mayor abundamiento aclara que no se ha dirigido contra los culpables de sus males.
Me he detenido a hacer todo este comentario de texto porque sobre esa base no puedo sino pensar que quienes me escriben enfurecidos han malinterpretado de cabo a rabo el cuento, dándole un sentido que es justo el contrario de la reflexión que lo inspira. Para mí está claro, no sé para vosotros. Pero advierto últimamente que a la gente le es cada vez más difícil captar la diferencia entre ficción y realidad, el discurso simbólico y no digamos ya la polifonía (multiplicidad de voces) que puede insertarse en un discurso narrativo.
Por todo ello, y por si queda duda, aclaro que lo que piensa ese asesino de ficción no representa ni mi pensamiento ni mi opinión, que es respetuosa hacia los trabajadores bancarios (como hacia cualquier otro trabajador que se gana honradamente la vida) y que en absoluto exhorto a ajustar las cuentas que cada uno tenga con la crisis agrediéndoles.
No tengo nada que rectificar, porque nada he afirmado que contradiga esto, sólo puedo pedir disculpas por propiciar un malentendido lamentable en la medida en que haya podido hacerlo.
Insisto, creo que cualquier lector mínimamente avezado interpretará sin problemas lo que el cuento quiere decir, pero entiendo que hoy los ánimos de los bancarios estén sensibles, y por eso ofrezco todas estas explicaciones, que en condiciones normales juzgaría innecesarias.
Abrazos. Y mis condolencias a las familias y a los compañeros de los fallecidos.