viernes, 26 de mayo de 2017

Feria del Libro 2017 (y van 23)



Un año más, llega la Feria del Libro de Madrid, la mejor ocasión que conozco para el encuentro con lectores de toda edad y condición. Será mi vigésima tercera oportunidad de ampliar la conversación que contienen y propician los libros en el espacio vivificante y acogedor del Retiro.

Y como la ocasión lo merece, llego a la Feria con novedades. Tres, nada menos.

La primera es esta, Recordarán tu nombre, una novela sin ficción en la que he estado trabajando durante ocho años:




Remito al resumen del editor y a una pieza que escribí para Crónica de El Mundo, en forma de reportaje, sintetizando la historia que cuenta y los principales rasgos y avatares de su personaje principal (por cierto, los comentarios al reportaje —que no recomiendo necesariamente leer— me ratifican en que debía hacer este libro).


La segunda novedad es una reedición que me hace una ilusión especial. Durante quince años fueron goteando los ejemplares de la edición original de 2001, pero en la pasada feria más de un lector preguntó por él sin éxito: estaba agotado. Para que eso no pase este año, Booket ha reeditado Del Rif al Yebala, que ha convertido en este hermoso libro de bolsillo:





Y por último, esta joyita ilustrada por Violeta Monreal, posiblemente la mejor cómplice que un escritor pueda soñar para ilustrar sus textos destinados a los más pequeños. Es la cuarta vez que colaboramos, en una historia que le debe mucho a una Núria de verdad con la que la vida me ha hecho el regalo de convivir en mi propia casa.





También firmaré cualquier otra cosa que queráis traer, y en especial, la otra novedad de este 2017, aparecida ya hace algunos meses, y escrita junto a Noemí Trujillo:





Para que tengáis una referencia completa y precisa, detallo a continuación todas las firmas.


Primer fin de semana (27 y 28 de mayo)

Sábado: Mañana (12 a 14 h): Diógenes (caseta número 203)
                Tarde (19 a 21 h): La Central (57)

Domingo: Mañana: Nebli (147)
                Tarde (19 a 21 h): Lé (65)


Segundo fin de semana (3-4 de junio)

Sábado: Mañana (12 a 14 h): Muga (39)
                Tarde (19 a 21 h) : R. Alberti (180)

Domingo: Mañana (11,30 -13 h): Harper Collins
                Mañana (13 a 14,30 h): VIPS (193-194)
                Tarde (19 a 21 h) : Polifemo (196)


Tercer fin de semana (9,10 y 11 de junio)

Viernes: Tarde (19 a 21 h): Gaztambide (151)

Sábado: Mañana (12 a 14 h): Miraguano (85)
                Tarde (19 a 21 h) : Mendez (308)

Domingo: Mañana (12 a 14 h) : Visor (356-357)
                Tarde (19 a 21 h) : FNAC (136-137)


Ahí nos vemos, quienes queráis. Abrazos.

viernes, 21 de abril de 2017

El palacio de Petko (y lo que viene)



Mucho tiempo sin pasar por aquí. Han sido meses de encierro y escritura, ya me disculpará quien siga este blog intermitente, si es que queda alguien. Pero vuelvo para hablar de dos asuntos que no quiero dejar pasar ni de compartir con quien continúe por ahí. El primero es que hace cosa de mes y medio, cuando estaba sumido en la escritura, apareció este libro que es fruto del trabajo de hace un par de años, y de una idea que me vino a la cabeza hará doce o catorce.




Lo que entonces se me ocurrió fue hacer una novela juvenil en las antípodas de las que había escrito hasta entonces, como las que componen la Trilogía de Getafe. No es que estuviera disconforme con ellas, todo lo contrario: han sido fuente de felicidad constante para mí en los últimos veinte años, me han permitido llegar a cientos de miles de adolescentes españoles y son en todos los sentidos una de las mayores bendiciones que he recibido como escritor.

Sin embargo, uno no debe repetirse, ni sobreexplotar sus hallazgos. Por eso empecé a pensar en algo muy diferente: una historia futurista, situada en un mundo degradado donde la realidad virtual ha sustituido, casi completamente a la experiencia física. Un mundo donde una chica que ha perdido a su padre quiere ser policía, pero no sólo para moverse por los mundos virtuales en los que viven casi permanentemente sus conciudadanos y protegerlos de las agresiones y crímenes que también en esos espacios (como en cualquier espacio habitado por humanos) se producen. También quiere aprovechar para tratar de dar con su padre desaparecido, y entender por qué la abandonó.

Esta historia durmió en mi mente muchos años porque nunca lograba sacar el tiempo para escribirla. Un día, hace cinco o seis años, se la comenté a mi mujer, Noemí Trujillo. La sedujo de inmediato, y me propuso escribirla juntos. Así lo hicimos, y éste es el resultado.

Además de esa joven policía, Ahti-Anne, en El palacio de Petko aparecen su joven compañera, Lydia, y Cavey, uno de los programadores del Sistema KB, que mantiene la vida de todos los habitantes de Petko y la oferta de su casi infinita variedad de mundos virtuales. Cada uno de ellos tiene un distinto grado de adaptación al mundo en el que viven. Ahti-Anne siempre quiso ser policía, y cree haber encontrado su lugar en el mundo. Lydia no siente que Petko sea el espacio al que pertenece, y quiere huir. Cavey, en un principio conforme con su posición, entre los privilegiados que programan la vida y las experiencias de los demás, ha empezado a tener sus dudas.

Lo que pasa a partir de ahí queda a la curiosidad de cada uno descubrirlo.

Os pongo un enlace al sitio web de la novela, creado por la editorial, Harper Collins, donde podéis completar la información.

Y ya que estoy aquí, anuncio en qué he invertido estos últimos meses:




Saldrá a la venta el 16 de mayo. Aquí tenéis alguna información. Volveré por aquí en breve para contar algo más.

Abrazos.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Dos libros por Navidad




Llegan estas fechas entrañables, que se decía antes, en las que es costumbre hacer regalos, y aunque uno ya sabe que los objetos del deseo de sus conciudadanos se sitúan por lo general fuera de las librerías, no puedo dejar de reseñar aquí, para quien le sirva, la aparición de dos libros que bien pueden servir como opción a aquellos antiguos que sigan pensando que un volumen encuadernado puede ser un buen presente por Navidad o Reyes.

El primero, por orden de aparición, es éste.




Una curiosa aventura compartida, y que será más compartida aún, porque da inicio a una serie en la que irán compareciendo distintos autores para continuar las andanzas de la pareja investigadora, Sonia y Pau: una desempleada rebotada que se arroja a la economía sumergida  y un Ni-Ni con secretos inconfesables que se convierte en su escudero y protector.

Quien quiera saber más del libro y del proyecto, puede informarse en la página de la editorial, Menoscuarto, un primoroso sello palentino con el que ha sido para Noemí Trujillo y para mí un placer trabajar. Luego dicen que los editores no sirven para nada. Quienes nada saben de libros.

El segundo, apenas unas semanas en la calle, es éste:



Se trata de una selección de los relatos publicados en elmundo.es en la serie vidas.zip, en concreto de 102 de temática criminal. Todas son historias reales, lo que las hace más escalofriantes, en ocasiones, y más chuscas, en otras. El resumen, también en la página de la editorial, y aprovecho para agradecer a Ediciones Destino su reiterada confianza en mi trabajo. Me cuentan que con éste ya soy el autor con más títulos en la mítica colección Áncora y Delfín, a la par con Miguel Delibes. Nada menos.

Con éste, por otra parte, son seis los libros publicados en este 2016. Creo que es mi récord. Un exceso, ya lo sé. En fin, entre unas cosas y otras ha rodado así...

Por cierto, ya que hablo de ella, recientemente ha alcanzado la serie vidas.zip una cifra redonda, de las que toca celebrar: cuatrocientas semanas buscando y escribiendo historias tomadas de la pasmosa realidad. Mi gratitud también a elmundo.es por su confianza en mi trabajo.

Y ya que estamos, Feliz Navidad, con música:




Abrazos.


viernes, 9 de diciembre de 2016

Mi voz







Pero toda esta vida multitudinaria ha sido para ti
no más que la lira, o el laúd, o el sutil encanto
de las violas, o la música del mar 
que duerme, mímico eco, en la caracola.


Mi voz, Oscar Wilde (1854-1900)
(versión de Lorenzo Silva).





sábado, 24 de septiembre de 2016

Los apuntes de Aloysius (y dos omisiones)



Mucho tiempo sin pasar por este blog. Lo que tiene estar en demasiados asuntos estimulantes al mismo tiempo (creo que nunca habían coincidido tantos proyectos de envergadura en mi cabeza) y tratar de atender como uno puede las múltiples obligaciones que se derivan de un oficio expuesto al público y que en definitiva se nutre de él.

Esta entrada tiene como finalidad principal dar cuenta de la aparición de un nuevo libro, que hace el cuarto de los publicados este año (o el quinto, si cuento la reedición revisada de La sustancia interior a la que hace referencia la entrada precedente). Es un libro peculiar, quizá no para mucha gente (si es que es para alguien), pero del que he de confesar que estoy satisfecho. Por la variedad de su contenido y por la sencilla y hermosa edición que de él ha hecho, con su equipo, Noemí Trujillo, alma editorial y pilar insustituible de Playa de Ákaba.




Los apuntes de Aloysius es el fruto de un trabajo casi marginal de seis años, los que estuve escribiendo quincenalmente en el suplemento universitario Campus del diario El Mundo. Son un puñado de reflexiones intempestivas, a menudo provocadoras o incluso irresponsables, sobre la universidad y sus aledaños: la educación, el conocimiento, la cultura.

El título encierra la advocación bajo la que se pusieron desde el principio aquellas meditaciones indocumentadas, que no era otra que la del entrañable Aloysius, el osito de peluche que llevaba a todas partes el incorregible Sebastian Flyte, uno de los dos protagonistas de Brideshead Revisited (la inolvidable novela de Evelyn Waugh y la para mí no menos inolvidable e iniciática teleserie de Charles Sturridge para Granada Television). Igual que Sebastian fingía hacerle de portavoz a su osito de peluche, que mostraba una y otra vez su desaprobación hacia el rígido y rancio ambiente universitario de Oxford, yo me parapeté tras él para ir pergeñando mis desbarros antiacadémicos.

Era una suerte de captatio benevolentiae, para alguien que no es docente universitario ni vive inmerso en ese mundo, aunque pasó por él y no ha dejado nunca de tener algún contacto con las aulas. También una forma de escribir con máxima libertad, y cuando uno escribe así, salen cosas sorprendentes, que fueron las que me animaron, al releer tiempo después aquellos artículos, a reunirlos en un libro.

Para muestra, este texto de 2005, titulado Desperdiciadores de maná:

Uno vuelve a preguntarse una y otra vez qué es lo que hace falta para que este país amodorrado despierte o, alternativamente, qué negra maldición pesa sobre él para que siempre desaproveche los ríos de oro que pasan por sus manos. Dilapidamos el de las Indias en el siglo XVII, y vamos a malgastar también el que nos vino con el boom del turismo, el boom inmobiliario y los fondos europeos, tres manás que van dando signos de agotamiento o directamente tocan a su fin. Uno ve por doquier obras faraónicas, las autovías surcadas por Mercedes y BMW, los restaurantes cada vez más llenos y las cabezas cada vez más vacías. Unos grifos van a cerrárnoslos, otros acabarán reduciendo su caudal, y deberíamos saber que el tren al que nos hemos acostumbrado sólo lo podremos mantener si creamos y desarrollamos el ingenio necesario para reinventarnos como país, como sociedad y como estructura productiva. Algo muy grave y muy concreto falla cuando pese a las quejas unánimes y los floridos discursos no terminamos de dar los pasos que necesitamos, o incluso damos rotundos pasos atrás. Si no entendemos que debemos reinvertir las ganancias en futuro, en vez de bebérnoslas, nos espera un duro desierto.

Creo que es una de las pocas veces que he ejercido de augur, y me sobrecoge la forma de clavar el pronóstico. Cierto es que no hacía más que recoger las ideas de un maestro como José Luis Sampedro, que por aquellos mismos días ya advertía de la catástrofe inminente, ante las risas unánimes de los gurús posmodernos que lo acusaban de chochear.

En fin, aseguro que el resto del libro es más desenfadado, y aunque no puedo tanto como asegurar que sea útil para nada ni para nadie, ahí está y, si a alguien le despierta curiosidad, tiene la ventaja de que es muy económico. Podéis encontrarlo en librerías escogidas y en la propia web de la editorial.




Aprovecho la entrada para subsanar un par de omisiones. Como muchos ya sabéis, acabó saliendo el 31 de mayo la octava novela (y noveno título) de la serie de Bevilacqua, Donde los escorpiones. La ventaja de escribir las cosas con tanto retraso es que puedo hacerlo sabiendo ya de su recorrido: tres meses y medio, hasta hoy mismo, en las listas de los más vendidos. A veces no sé cómo agradeceros que estéis ahí. Pero conste una vez más mi gratitud.

Y la segunda omisión es otra entrega, humilde, de un proyecto narrativo que me es muy querido y que camina ya hacia los ocho años de recorrido, el formado por las piezas que bajo el título de vidas.zip se publican semanalmente en elmundo.es. En este caso se trata de la séptima cosecha anual, que lleva en su título a la ciudad de Palmira porque fue a comienzos del periodo que abarca cuando cayó la ciudad en manos de los bárbaros y al final cuando éstos la perdieron, a manos de quienes me cuesta un poco no tildar de bárbaros también, pero que al menos dejaron de demolerla. Por ahora, y en espera de más adelante hacer una edición en papel, sólo está en ebook.




En lo que queda de año aún habrá otro par de novedades (una de ellas relacionada también, desde otro ángulo, con el proyecto vidas.zip) y unas cuantas a principios de 2017. Pero de todo ello ya iré hablando en su momento. Y no, no tengo ningún negro. Echo muchas horas escribiendo, me gusta, y cuando la vida me dejaba muy poco tiempo para ello aprendí a hacerlo de forma más o menos expeditiva. No hay otro secreto.

Abrazos.


jueves, 31 de marzo de 2016

La sustancia interior: veinte años no es nada



Acaba de llegar el libro. Y la impresión no puede ser mejor:





Escribí esta nota para explicar el porqué de la reedición:

Nota a la edición de 2016
Al cabo de veinte (o veinticinco) años

Llevo veinticinco años escribiendo y reescribiendo este libro. Hace veinte que se publicó por primera vez, pero la idea de la que surgió la tuve una mañana de invierno de 1991, cuando en mi primera visita a Barcelona quedé deslumbrado por aquella iglesia de la Sagrada Familia que tenía el cielo por techo y aún no se había convertido en el hervidero de turistas que es hoy. Entonces, cuando tan sólo era una obra destartalada, apenas la visitaba nadie y uno subía a las torres por su cuenta y riesgo. Fue allí donde tuve la intuición de una historia que hablara del arte y del hombre, de la misión individual de cada uno y de lo que la vida de los individuos en sociedad, con sus inevitables añadidos (la ambición, el poder, el engaño), hace a la postre con esa vocación que cada uno, la siga o no, lleva dentro. 

Lectores con poca afición o querencia por lo alegórico, que es el principal recurso de este relato, me han pedido más de una vez que explique lo que significa y propone. Lo que precede creo que es todo cuanto debo decir al respecto, y no me parece que extenderme más me granjee mayor indulgencia por su parte. Al cabo de veinte años, he aprendido a aceptar que hay lectores que no entrarán en el juego, al que por lo demás he jugado muy pocas veces; de hecho, este libro es excepcional, por la amplitud y la intemporalidad de su asunto y porque también contiene un homenaje, el único que creo haberle hecho en mis novelas, a quien para mí es el mayor escritor del siglo XX, y probablemente uno de los siete mayores de todos los tiempos: Franz Kafka. Con una ingenuidad que acaso puede disculpar lo joven que era yo por entonces, quise hacer una novela kafkiana que terminara, como él no pudo (ni quizá debía) concluir ninguna de las suyas. 

Me costó cuatro años darle una forma que me autorizara su publicación. La reescribí dos veces, siempre quitando del magma excesivo de su redacción inicial. Esa primera edición de 1996 la entrego ahora después de otras dos revisiones profundas, la de la edición de 1999 (en la que, justo es que aquí lo recuerde, me fueron de gran utilidad las observaciones de Ricardo Senabre, el gran crítico español recientemente desaparecido) y la que he vuelto a hacer en 2015, más intensa aún que la anterior. 

Creo que no hay una página que no haya retocado, no para cambiar la esencia del libro, que sigue siendo la misma de la versión inicial, sino para pulir un texto que se me resistió como nunca lo hizo el de ninguna otra historia que haya escrito. Quizá nunca quise decir tantas cosas a la vez, o quizá ocurra que quise decirlas demasiado prematuramente. El hecho es que siempre que lo releo encuentro algo que limar, en busca de una naturalidad que tal vez nunca pueda terminar de tener. Quisiera creer que ésta es la versión definitiva, pero, quién sabe, es posible que lo relea dentro de otros veinte años y vuelva a corregirlo. 

Sólo hay una razón para ese empeño, y para reeditar este libro en el presente aniversario: hay lectores, no son mayoría, pero no son pocos, que dicen que es lo más importante que he escrito (entre ellos, tampoco puedo olvidarlo, estaba Rafael Azcona, que hizo el tratamiento para una película que acaso jamás se ruede; si se me otorgara un deseo, no querría morir sin verla). No soy quién para dirimir si aciertan o yerran, y es probable que se trate de una impresión marcada, como todo juicio literario, por su propia subjetividad. Con todo, creo que es mi deber de gratitud hacia ellos tratar de darle a este libro la mejor forma que esté a mi alcance. Hasta aquí he llegado, por ahora.

Espero que los que ya la conocíais la volváis a apreciar, en esta nueva edición que es quizá la más esmerada que ha tenido. Y que los que no la conocéis os la encontréis y os diga algo.

Abrazos.

lunes, 28 de marzo de 2016

El próximo Bevilacqua: Donde los escorpiones




He perdido la cuenta de las veces que me han preguntado cuándo salía la próxima de Bevilacqua desde que salió la anterior, allá por 2014.

Bueno, ahora tengo respuesta: el 31 de mayo. Y ésta es la portada.




Por cierto, que decir la próxima de Bevilacqua es dejar fuera a alguna compañía importante. En realidad, es la próxima de Bevilacqua y Chamorro. O si me apuran, la próxima de Bevilacqua. Chamorro, Pereira, Salgado y Arnau. Es decir, de todos éstos:




Las divisas van en orden jerárquico, no de enumeración. Y recogen las promociones que cada uno ha ido teniendo en este tiempo. Por cierto, una pista: en esta ocasión, para variar, todos ellos lucen sus galones en algún momento de la novela. Algunos, en muchos momentos...

Y no digo más, por ahora.


jueves, 14 de enero de 2016

Pasajes, un relato de viaje



Si no me equivoco, hace el número 54. Estreno el año con nuevo libro, que tiene una historia particular, porque procede de un blog como éste (que ya dio lugar en su día a otro libro, por cierto).




Me parece bueno que los textos efímeros que conforman un blog, ese engendro a medio camino entre el relato, la reflexión y el dietario, se acaben juntando en algo que tenga vocación de permanencia y una entidad propia, esto es, un libro. En este caso, el de Pasajes, se trata de un blog que mantuve durante cerca de un año en Yahoo.es, y recoge el viaje que en esos meses me llevó a pasear por un buen número de libros, películas, músicas y lugares. Un viaje breve pero intenso, algo sui géneris, si se quiere, y relatado también de una manera particular.

Cuando junté todas las entradas, me pareció que tenía sentido convertirlas en un volumen impreso; un sentido, por cierto, muy afín a la obra de Walter Benjamin (claramente aludido en su título) y a Montaigne (sobre cuyos Ensayos hay una entrada). Y es que se trata de un relato fragmentario, hecho de muchas pequeñas historias, propias y ajenas, y siempre al servicio de una reflexión que tiene que ver con las dudas y las incertidumbres que suscita un tiempo repleto de dogmáticos.

Esa fue la maldición que pesó sobre Benjamin y Montaigne, espíritus libres que vivieron en tiempos marcados por fanatismos diversos, y a ellos, entre otros, va como homenaje.

El libro estará a la venta el 26 de enero, pero si queréis lo tenéis en preventa en la web de Playa de Ákaba.

Por cierto que en preventa podéis comprarlo a un precio especial junto a este otro libro:




No es mío, salvo como editor y prologuista, por eso puedo recomendarlo calurosamente. Un diario en verso situado en uno de los conflictos más ásperos de nuestro tiempo, el más áspero en el que hemos estado envueltos los españoles en este siglo, y que, con arreglo a nuestra habitual desidia, hemos contado muy poco y muy mal. Este libro viene a colmar, y cómo, ese hueco, de la mano de un poeta y soldado (sí, se puede: os habéis olvidado de Garcilaso) que estuvo allí. Nada menos.

Abrazos.

Postdata: haremos dos presentaciones de Pasajes, junto al libro de Guillermo de Jorge, con presencia de los dos autores: una el día 28 de enero a las 19.00 en la biblioteca Eugenio Trías (la antigua Casa de Fieras del Retiro) de Madrid y otra en la librería Lé (Castellana, 154) el día 9 de febrero, a las 19.30. Estáis todos invitados.

viernes, 9 de octubre de 2015

Getafe Negro 2015







Aquí está, un año más. Hemos trabajado duro, para ofreceros este programa.

Mi agradecimiento a todos los que lo hacen posible, desde los responsables y trabajadores del ayuntamiento de Getafe hasta los colaboradores externos, más todos los patrocinadores.

Abrazos.

viernes, 21 de agosto de 2015

La cosa de la equidistancia




Llega a mis manos un librito (de tamaño es medio gordo, pero su contenido y su rigor me invitan al diminutivo) intitulado La Guerra Civil como moda literaria, publicado por Clave intelectual y firmado por un señor llamado David Becerra Mayor, doctor en Literatura Española y (según su currículum) responsable de la Sección de Estética y Literatura, las mayúsculas son todas suyas, de la Fundación de Investigaciones Marxistas. Llega a mis manos porque me lo manda la editorial, sin nota alguna, por lo que no puedo descifrar con qué intención, y tampoco me pondré a adivinarla.




Hojeo el índice y topo con un tema que me interesa, el de la teoría de la equidistancia. Leo y, qué casualidad, como suele pasarme, donde pongo el ojo pongo la bala, o mejor dicho el balazo que el autor, echando mano de cita ajena, tiene a bien infligir al que suscribe. Vaya por Dios, pienso, uno que va por la vida viviendo y dejando vivir, escribiendo y dejando escribir, pensando y dejando pensar, y van y me buscan, en mi propia casa, en esta ociosa tarde de agosto.

El balazo está transcrito de un ensayo del historiador de querencia republicana Francisco Espinosa, y lo de querencia republicana no lo digo con ningún retintín porque yo también la tengo. Tampoco lo de historiador, porque leí con interés su libro sobre la llamada Columna de la Muerte que conquistó Extremadura en la Guerra Civil, muy sesgado ideológicamente, pero con un estimable trabajo de investigación detrás. Un trabajo que además me sirvió, entre otros textos, como soporte histórico para escribir cierta novela hace una década larga, y así lo agradecí en sus últimas páginas.

El ensayo, de 2005, viene a ser una reacción a las teorías revisionistas de Pío Moa, junto al que, sin comerlo ni beberlo, me alinea a partir de un par de frases de una entrevista de prensa que interpreta como mejor le parece, se ve que ya venía con el alfanje desenvainado y echó mano de lo primero que le vino bien.






 Transcribo, merece la pena:

“El historiador Francisco Espinosa Maestre, en su ensayo El fenómeno revisionista o los fantasmas de la derecha, donde desmonta las teorías construidas por la historiografía revisionista actual sobre la Guerra Civil, saca a colación el modo en que la teoría de la equidistancia es empleada por Lorenzo Silva, autor de Carta blanca, cuando el novelista, dice, en relación con la ocupación de Badajoz, que su obra “refleja el heroísmo y la infamia de los dos bandos. Los republicanos fusilaron por ejemplo, a jubilados; y la represión nacional fue inhumana, pero entre sus filas hubo quien se jugó el tipo”. Ante una proposición de este tipo, Espinosa Maestre no puede sino apuntar:

Ahora resulta que los republicanos fusilaron a jubilados y que los fascistas se jugaron el tipo. Y ya como colofón, y tras decir que en el palacio de congresos que se ha construido en lo que fue la plaza de toros de Badajoz, “convendría que haya un recuerdo de lo que significó aquello”, Silva el ecuánime repite: “También vi que en el baluarte de la Trinidad hay un monumento a los héroes de la Legión. Esto está bien porque fue gente que se dejó el pellejo; pero cabría colocar otro monumento a los carabineros que lucharon por la República en la ciudad”. Parece que no importa nada que unos se dejaran el pellejo defendiendo la democracia y otros el fascismo. Por lo visto el tiempo todo lo iguala. Por esta regla de tres Europa estaría cuajada de monumentos a los nazis que se dejaron el pellejo”.

Hecha la cita, el sumarísimo juez Becerra, sin más contraste, ni más fuente que unas declaraciones de prensa descontextualizadas, despacha a un servidor al montón de los que equiparan, y cito, “a un gobierno legítimo y a los golpistas que atentan contra su legalidad”. Ecuación que no sólo nunca he hecho, sino a la que una y otra vez me he opuesto en público (aquí tiene una muestra, de una fuente que le merecerá crédito a nuestro doctor); en especial, a las maniobras de reescritura de la historia de ese Pío Moa al que con tanto donaire se me asimila.






Uno no espera que un doctor en Literatura (con mayúscula) que va a juzgar a un escritor rastree sus pronunciamientos públicos, por sencillo que esto sea en la era de Internet. Pero no estaría de más que se leyera el libro que se cita como muestra de esa supuesta equidistancia reprobable. Pase que no lo haga un historiador, y se agarre a unas declaraciones de prensa (mal transcritas, además, como suele suceder: siempre tuve buen cuidado de no hablar de republicanos, sino de los milicianos comunistas que, sí, lo lamento, llegaron a Badajoz antes de la caída de la ciudad y se dedicaron a “pasear” a militares jubilados, hay fuentes fiables que lo corroboran). Pero en un doctor de Literatura, me resulta tan pasmoso como que su editor se permita enviarme el panfleto en el que vierte su sentencia lapidaria.

Y es que, si hubiera leído el libro, se encontraría con esta muestra de equidistancia:

“No me gustan estos aventureros inmorales que tenemos entre nosotros, pero mucho menos me gusta ese carnicero impasible de Franco. Una vez, por la torpeza de la juventud, me tocó estar a sus órdenes. Y después de eso, ya sé que mi sitio sólo puede estar en el lado contrario del suyo”. 

(Carta blanca, Booket, 2013, pág. 316)

Es decir, incluso enfrentado a lo peor de quienes defendían la República (o su propia agenda revolucionaria, no vamos a entrar en esas distinciones), encarnado en ese pasaje de la novela por un grupo de matones que sin haberse batido en el frente intentan provocar a su amigo, oficial de carabineros y republicano leal, el protagonista de mi novela hace profesión de su oposición sin fisuras a la rebelión militar, lucha en la que por añadidura acabará dejándose la vida.

Otra cosa es que al señor Becerra le moleste que se recuerde que del lado de sus correligionarios hubo abusos y crímenes, o que del contrario también hubo quien se dejó la vida, hecho extremo que para mí, también lo siento, siempre merece un respeto, aunque no comulgue, como disto mucho de comulgar en este caso, con las ideas que llevan al individuo en cuestión al sacrificio.

A este respecto, y sobre la ironía con que se cierra la cita de Espinosa, le recomiendo que viaje por Europa, por ejemplo a Normandía, donde podrá ver, perfectamente cuidados, atendidos y respetados, los cementerios y monumentos que recuerdan la inmolación de miles de jóvenes alemanes alistados en las filas de la división SS Hitlerjugend. Allí están todos, recordados con su nombre y su grado correspondiente. Y sólo un obtuso puede creer que esa memoria de su sacrificio supone el menor respaldo a los propósitos y las ideas de quienes los enviaron al matadero.

Postdata del 24 de agosto: Me informan de la editorial, y me confirman mis colaboradores en la organización de Getafe Negro, que el envío del libro obedeció a la petición del equipo del festival, en tanto que el señor Becerra Mayor está invitado a participar en una de sus mesas. Eso aclara el porqué del envío, del que no era consciente, y creo que debo hacerlo constar para no dejar en injusto mal lugar a los editores. Por lo demás, me complace que en el festival que organizo participe alguien con quien estoy tan poco de acuerdo. Eso es la libertad, y no llenarse la boca con la palabra.





domingo, 2 de agosto de 2015

Cinco de golpe



Muchos días sin pasar por aquí. La razón, el otro blog que hasta hace unas semanas mantenía en yahoo.es. Ya cayó, porque me dedicaba sobre todo a cuestiones culturales, principalmente libros, y, ya se sabe, eso no es nada viral. Los entiendo. Yo también, en su lugar, habría prescindido de mí.

La parte positiva es que ahora tengo más tiempo y puedo recuperar este blog. Y lo hago con el más fausto de los motivos, para quien se dedica a mi oficio: la salida de un libro. Bueno, de uno no. De cinco, de golpe. Eso sí, por ahora sólo en formato electrónico. Se trata de las entregas segunda a sexta de la serie vidas.zip, que vengo publicando en elmundo.es desde hace casi siete años. Helos aquí:




 El sultán desnudo (2010-2011) Más info aquí.



Nadie al timón (2011-2012) Más info aquí.



Ladrones de cerezas (2012-2013) Más info aquí.



Yo no sabía nada (2013-2014) Más info aquí.



 Capitanes nada intrépidos (2014-2015) Más info aquí.



Podéis encontrarlos ya en todas las librerías electrónicas, por menos de cuatro euros cada uno. Y en los pocos días que llevan circulando ya los han copiado los habituales suministradores informales, para aquellos cuya conciencia les impida pagar por un ebook tanto dinero.

Seis cosechas anuales completas, llevamos ya, y habrá que pensar en algo cuando caiga la séptima. Quizá el paso al papel, ya veremos en qué formato. Y aquí pido opinión: en papel, ¿preferiríais también un tomo por año, o un tomazo que agrupase los primeros siete?

Abrazos.


miércoles, 8 de abril de 2015

Triple estreno



El mismo día, 9 de abril de 2015, tres libros nuevos en las librerías. Un motivo de felicidad para el que los escribió.

El primero, nuevo del todo:




Más detalles, en la web, en este mismo blog y en la web de planetadelibros.com.

El segundo, nuevo en papel, hasta ahora sólo estaba en digital, y con cuatro nuevos relatos que no estaban incluidos en esa edición electrónica:





Más detalles, en la web y en la web de planetadelibros.com.

Y el tercero, una reedición de bolsillo de uno de mis libros más raros, pero por eso mismo le tengo un aprecio especial (a él, y a los lectores que lo valoran):





Más detalles, en la web y en la web de planetadelibros.com.

Pues lo dicho, que una alegría, que espero que compartáis.

Abrazos.


jueves, 19 de marzo de 2015

Música para feos, tres pinceladas






Sale el próximo 9 de abril, y la verdad es que estoy contento. Llevaba unos cuantos años detrás de esta historia, que me requería viajar a sitios y hablar con gente que no resultan fácilmente accesibles. Al final la fortuna conspiró en mi favor y aquí está, con todo lo que quería que tuviera.

He resumido lo que es en tres pinceladas.

Una historia de amor.

Diría que hace veinte años que no escribía una historia centrada en el sentimiento amoroso. Historias de amor, más o menos expresas o reconocibles, hay en muchas de mis novelas, pero de ninguna de las que he escrito en estas últimas dos décadas puede decirse que el amor sea su línea medular, el motor central de la narración. La última vez que lo hice fue en La flaqueza del bolchevique, de cuya escritura hará justo veinte años en este 2015. Son delicadas, las historias de amor: la cursilería, el melodrama y, últimamente, la pornografía, acechan al escritor en cada una de sus esquinas. Por eso a mí me gusta, para este ejercicio que sólo hago cada dos décadas, escoger amores difíciles, de esos que nacen y viven a contrapelo, y en cuyos recovecos, si uno anda despierto, pueden evitarse esas tres degradaciones. La anterior la contaba un hombre. Lo primero que tuve claro de ésta fue que la contaría una mujer. Y que, como aquella, celebraría y trataría de contar la felicidad de encontrar a quien amar con pasión, termine como termine la historia. Al final, ya sabemos en qué paran todas.

Ella.

Una historia de amor, si ha de dar una novela, no puede suceder entre dos personajes cualesquiera. Cada uno debe ser portador de un mundo que merezca la pena indagar. Mónica es en esta novela algo más que la mitad de la pareja: es la voz y es la mirada. Como ella misma dice, una mujer ya no tan joven, y todavía lo bastante joven, como para haber aprendido a ver y haberse dejado algunas plumas importantes por el camino, sin haber llegado a perder las ilusiones. Periodista vocacional, es una víctima de la depauperación de la sociedad en la que vive, que la arroja a una sistemática rebaja de sus expectativas, a un empleo que aborrece, a labores que la apartan de su ser, y a la vez una perdedora en el juego del amor amañado por las imposturas y las renuncias de quienes habitan ese escenario venido a menos. Éste es su punto de partida, ciertamente no envidiable, pero todavía queda en ella algo susceptible de salvarse. Algo que se salvará, e irá a más, al conocer a Ramón, al calor de la música que entre ambos suena una y otra vez, como metáfora del arrebato amoroso.

Él.

Comienza siendo un misterio, y en buena medida la novela es, también, la historia de cómo Mónica desvela ese misterio, hasta las últimas consecuencias; en parte con ayuda de Ramón, que se aviene a entregarle un trozo de su secreto, y en parte por sí misma, ejerciendo como la reportera que su subempleo no le deja ser. Ramón es también un perdedor, pero al contrario que Mónica sí ha encontrado un espacio en el que desplegar su carácter y llegar a percibir el latido de la pasión en sus actos. Es un espacio conflictivo y peligroso, que sirve de trasfondo a la novela y alberga la historia que se nos cuenta en segundo plano. Vivimos en un mundo en conflicto, y están las personas que prefieren ignorarlo, encomendando a otras que lo gestionen, y las que asumen el papel de mirarle cara a cara al lobo. Ramón es una de estas últimas, pero no quiere apabullar a nadie con el papel que él mismo ha elegido para sí. Por eso no lo ostenta ante Mónica, y tendrá que ser ella la que averigüe hasta dónde el hombre al que ama ha aceptado comprometerse. Hay muchas maneras de contar una historia, y la de Ramón, que habría admitido otros relatos más consabidos, se muestra por reflejo, a través de los atisbos que de ella tiene la mujer que le quiere y le añora cuando se ve separada de él.

Si queréis saber más, os remito a la página de la editorial. Donde, como curiosidad, encontraréis la lista de las 21 canciones, una por capítulo, que suenan en la novela.

Abrazos.


miércoles, 22 de octubre de 2014

La ciudad de debajo



Hay una persona bajo cada persona, una ciudad bajo cada ciudad, un mundo bajo cada mundo. Hay personas, ciudades y mundos reales. Hay personas, ciudades y mundos virtuales. Sólo quienes no han leído lo suficiente o no han mirado suficientemente alrededor piensan que los primeros pesan más que los segundos. Quienes se fijan mejor saben que a veces lo virtual derriba lo real. Y que otras veces es la viga sobre la que lo real apoya su maltrecha e inestable techumbre.




Subway Placebo, de la escritora ilerdense Rosario Curiel, es uno de los libros que he tenido la suerte de alumbrar como editor, junto a mi socia Noemí Trujillo, bajo nuestro humilde sello Playa de Ákaba. Es, también, un viaje alucinatorio, que no alucinado, a una suerte de Barcelona subterránea que palpita bajo la Barcelona superficial, corroyéndola y sosteniéndola a la vez. Una metáfora poderosa, inquietante, servida con palabras bien pulidas y dispuestas y personajes desvencijados y precisos.

Es literatura, invención, sueño y pesadilla a la vez. Y es mirada franca, derecha, a esos escondrijos que buscamos para salvarnos y con los que condenamos, a ese otro que pudimos haber sido, a quedar en simple remedo de sus posibilidades.

Barcelona, elección sentimental de la escritora, es una ciudad que en general gusta, agrada e incluso deslumbra. Por eso, y porque el diablo nunca se esconde tras ropajes repulsivos, está tan bien elegida como corteza superior del subterráneo en el que se los sentidos se aturden y se ciegan los caminos. Puede que a alguno le ofenda: a mí, que siento un afecto inextinguible por ella, no me importa la irreverencia de la autora. Es otro modo de homenajearla: sólo se puede profanar lo que previamente se venera.

Anteayer circulé por el metro de Barcelona, entre Sants y el Clínic. Apenas dos estaciones, pero bastaron para recoger esta impresión: el calor era atroz, y creí haber bajado a la ciudad soterrada, el Subway Placebo de Rosario Curiel. Ésa es la fuerza que tiene la literatura, la invención: cambia y enriquece las perspectivas de la vida.

Si os gustan los libros que os desafían como lectores, leedlo. No me reprocharéis, creo, haberos puesto tras su pista.

Abrazos.

lunes, 1 de septiembre de 2014

La vida me trajo







Hoy alguien me ha dicho que Mohamed Ibrahim Zauq es un personaje al que no conoce nadie, dándome a entender que no era relevante para ciertos efectos. En lo primero he de darle la razón; en lo segundo, acaso desde la ingenuidad y la utopía, me niego. Nacido y muerto en Delhi, en 1789 y 1854 respectivamente, Zauq es el gran poeta de la lengua urdu, la sexta del mundo. Su poesía es sencilla, limpia y profunda. Merece conocerse, como el personaje. Sobre éste, remito a una fuente usual que no es, en esta ocasión, mal punto de partida. Sobre la poesía, y desconociendo que haya sido vertido al español o dónde pueda localizarse, me he permitido volcar a mi lengua, desde una versión inglesa (el urdu excede mis capacidades) estos versos que creo que permiten paladearla:


LA VIDA ME TRAJO

La vida me trajo, así que vine; la muerte me lleva y me voy.
Ni vine por mí, ni me voy por mi voluntad.

Pocos jugadores habrá tan malos como yo;
cada jugada que hice resultó desastrosa.

Es mejor que uno no se apegue a los encantos del mundo,
pero, ¿qué hacer cuando nada puede lograrse sin implicarse?

¿Quién viene al rescate de quien se apresta a dejar este mundo?
Tú, manténte en movimiento mientras moverte puedas.

Oh, Zauq, me marcho de este jardín con ansia de aire fresco.
Qué me importará, ahora, si el céfiro sopla o no.



Abrazos.

domingo, 17 de agosto de 2014

Top 5, un día cualquiera



La imagen muestra los cinco primeros resultados de la búsqueda "lorenzo silva" entre las páginas de las últimas 24 horas en el buscador más utilizado en España.





De cinco, cuatro son páginas de enlaces piratas. Y así, todos los días. Para quien lo considere normal, o saludable, vaya mi perplejidad, una vez más.

He borrado los enlaces para no darles publicidad. Total, quien quiera llegar a ellos, por poco que sepa de ordenadores, ya sabe lo que tiene que hacer.

Abrazos.

jueves, 14 de agosto de 2014

El ideal y la verdad



Todo hay que sacrificárselo al ideal. Ser idealista es lo imprescindible: sin perjuicio de no perder de vista la realidad y luchar con ella para que respete nuestro ideal.

Ni entre fantasías e invenciones hay que perder la aguja de marear, la brújula de lo que es bueno y bondadoso, de lo que no se puede supeditar a pacto sectario.

Lo que hay que saber es la verdad, pero no la verdad premiosa y para distraer de la verdad que propugnan los filósofos, sino la descripción del no estar engañado que sólo logra el escritor evitando así que sea vilipendiado el hombre bueno por gentes y agencias que están pagadas para perturbar la verdad del mundo.

A lo más que puede uno llegar, lo único encantador y afortunado de la vida, es a estar enterado de lo que va sucediendo a nuestro alrededor y hacer justicia a las cosas y las personas con las que nos tropezamos.

Rehuir esa clarividencia, ese saber lo que sucede y suprimir los testigos más sinceros, es encerrarse en la miseria suma por acomodado que se esté.

Gracias a la tendencia heroica del escritor se consigue algo de esa verdad en los pocos libros singulares que en el mundo va habiendo.

He intentado tener toda la dignidad que he podido.

Nunca estaré con los hipócritas ni los hiperbólicos, y no tomaré parte en cosas secretas.

Lo más que se puede conseguir es sortear la fiera humana. Mi único éxito es no haberme rozado con ella más que de refilón y haber salido ileso.

Ramón Gómez de la Serna, Automoribundia (1948).




Sesenta y seis años después, nada sobra ni falta. Vale todo, tal cual.

Abrazos.

sábado, 2 de agosto de 2014

De nuevo, el desierto



Me doy cuenta de que el mes de julio ha pasado entero y en blanco para el blog. Creo que es la primera vez que me sucede, desde que lo abrí, aunque en los últimos tiempos, en concreto durante los dos años de funcionamiento de La Mirilla en msn.es, lo haya actualizado con bastante menos frecuencia. He descubierto que no es bueno que un hombre mantenga, a pleno rendimiento al menos, más de un blog. Dispersa y en buena medida agota.

Acabado el trayecto de La Mirilla (por cierto, trataré de recuperar su contenido histórico en algún sitio, por si deja de estar accesible en el lugar original), pronto emprenderé otro viaje bloguero del que ya informaré puntualmente. Entre tanto, y valga esta entrada por el silencio de julio, quería contar varias cosas que tienen que ver con lo que me ha mantenido absorbido en ese mes y que a su vez se relacionan, todas ellas, con el desierto. Ese lugar del que ya hablamos aquí en alguna ocasión, pero sobre el que reincidiremos con gusto cuantas veces sea necesario.




Aunque no es una noticia de julio, fue en este mes cuando la conocí. Hace un par de meses salió  de imprenta la vigésima edición del libro cuya cubierta se ve sobre estas líneas. Han pasado 16 años desde la primera, en 1998. Tres lustros largos y en números redondos 100.000 lectores. No está nada mal, para un género que para muchos ni existe ni es digno de ser tenido en cuenta, la narrativa juvenil. Me ha dado muchas alegrías y algunos de quienes lo leyeron se han convertido en valiosos compañeros de viaje. Me los encuentro a menudo por ahí, convertidos ya en hombres y mujeres. Una de ellas me recordó no hace mucho un par de frases que se le quedaron grabadas: "Cada uno tiene su camino. Nunca vayas por el de otro". Quizá sea la vez que he acertado a decir más con menos.





Este mes de julio ha tenido además una semana especial. Una semana compartida con los habitantes de la FSB (Forward Support Base, o Base Avanzada de Apoyo) de Herat, Afganistán. Rodeado justamente de desierto por todas partes. La foto es justamente de los alrededores. Allí compartí el grueso de las jornadas con los guardias civiles destinados en la unidad de Policía Militar del contingente español (en la base hay además estadounidenses, italianos, eslovenos, ucranianos y lituanos). Aquí posamos todos, junto a sus Linces, vehículos blindados de reconocimiento (las caras difuminadas lo están por motivos de seguridad, relacionadas con las labores en la Península de los interesados).




También tuve la oportunidad de salir de la base, en este caso con otros acompañantes, una experiencia que he podido contar por extenso en otra parte. Sin embargo, los editores de este texto escogieron para ilustrarlo una fotografía que seguramente era la menos relevante de la que les mandé. Más que el rostro del reportero, me interesaba mostrar el duro y a la vez bello paisaje del desierto afgano, un lugar tan áspero como pocos que yo haya visto, y sin embargo de un extraño atractivo. Ahí van unas muestras:












Me parece simbólica la imagen de esos soldados europeos contra el horizonte afgano, borroso por el polvo alzado por el viento incesante (los 120 días de viento, lo llaman los del lugar). Es como si fueran astronautas en otro planeta, y seguramente tienen bastante en común con ellos. Uno se pregunta qué quedará de su labor (han usado las armas, pero también han amparado a fracciones de la población afgana, y muy en particular a su subconjunto más nutrido, el femenino, que nunca tuvieron quien las protegiese de los abusos) cuando se desmantelen las bases. Y resulta inevitable temer que sea demasiado poco, para el esfuerzo y el derroche, de medios y de vidas, que allí se ha hecho.

A finales de mes, otro viaje al desierto. En este caso al desierto imaginario, o para ser más exactos a un desierto que gracias a la imaginación y a la magia del cine acabó representando otro. Me refiero a Almería, y en concreto a Carboneras, el paraje que en la película de David Lean ofició como la playa jordana de Ákaba, a donde llega T. E. Lawrence después de cruzar el desierto del Nefud. Lo que allí hicimos tiene que ver, claro, con la editorial que fundé junto a Noemí Trujillo y que ostenta como logotipo esa playa imaginaria de Ákaba que está en Carboneras. La I Jornada Carboneras Literaria fue un éxito, y no lo digo yo, por lo que agradezco a la ciudad y a su gente y a mis buenos amigos almerienses.

Uno de ellos, Adolfo Iglesias, me regaló esta foto:




Es la playa del Algarrobico con el decorado alzado sobre ella para representar fugazmente sobre el terreno, y eternamente en el celuloide, la Ákaba legendaria. El que está en primer plano es un miembro desconocido del equipo de la película. Si alguien lo reconoce, nos hará un favor al que suscribe y a quien tuvo la amabilidad de proporcionármela.

El decorado ya no está allí, pero la playa persiste, casi virgen, salvo por cierto atentado urbanístico sobradamente conocido al que siempre se le puede volver la espalda para admirar el horizonte. Os recomiendo que no dejéis de verla, si podéis. Tiene algo.

Y ahora toca, al fin, después de dos años sin parar, tener un poco de vacaciones. Nos vemos a la vuelta.

Abrazos.