domingo, 28 de agosto de 2011

América







El paso lo empezamos a dar hace unos meses, con la digitalización de 20 títulos. Ahora puedo confirmar que ya funciona de forma significativa.

El océano, bendito sea, ha dejado de existir.

Para quien esté interesado, pongo a continuación la lista de librerías virtuales latinoamericanas donde ya se pueden comprar los libros del que suscribe. Los adictos al papel seguirán sufriendo la penosa distribución de los libros en español fuera de su país de origen, pero quienes se conformen o consuelen con el contenido ya no tienen trabas. Pueden adquirirlos. Al menos aquí:


Chile

Buscalibros:
www.buscalibros.cl


Argentina

Movistar:

https://ebooks.movistar.com.ar/

Bajalibros:
http://www.bajalibros.com/

Librería Paidós:
libreriapaidos.com

Librería Santa Fe:
lsf.com.ar

La Boutique del Libro:

laboutiquedellibro.com.ar


México

Gandhi:
http://www.gandhi.com.mx/


Colombia

Librería de la U:

Librería Norma:
Librería Nacional:

Tened en cuenta, eso sí, que algunos enlaces no funcionan desde España, sólo desde el país en cuestión.

Abrazos a todos, y en especial a los que lo leéis desde el otro hemisferio.


sábado, 13 de agosto de 2011

Lector Facundo o la desinformación (reloaded)



Otro ejemplo de lo que Internet produce al ser usado por gente sin vida propia, sin criterio y sin escrúpulos.

El Lector Facundo, que no tiene plan en agosto, decide desahogar de nuevo sus frustraciones contra un servidor. Desde su perseverante anonimato parapetado tras un seudónimo, claro.

Cuando uno trata de salir al paso a los infundios en el propio medio que los arroja, se encuentra con que el farruco espadachín verbal modera los comentarios. Y se permite hablar de huevos. Serán pasados por agua.

Así que, en previsión de que lo censure, cuelgo también aquí mi comentario. Y no volveré a hablar de este ser humano, salvo para advertirle que, si sigue por donde va, se atenga a las consecuencias.

Lector Iracundo, además de un acoquinado que se oculta bajo un seudónimo, es un ignorante que opina sin tener información. Ni del Nadal 2000 ni del Primavera 2004, donde hubo hasta el final otros candidatos, algunos con apoyos poderosos de los que carecía el ganador, ni del Nadal 2009, donde espero que se atreva, si tiene esos huevos a los que alude su entrecomillado, a afirmar, poniendo su nombre para que se le pueda demandar, que el aludido votó por el libro que dice. Y si no se atreve, espero que tenga la gallardía de comerse sus palabras.

Y a ver si es tan gallina, además, como para censurar este comentario. Terminará de retratarlo.

Lorenzo Silva


domingo, 31 de julio de 2011

Niños feroces (en septiembre)





Voy a cerrar la tienda durante el mes de agosto (bueno, más o menos: del todo nunca puede cerrarla un sufrido autónomo que sólo tiene lo que trabaja). Pero, antes de hacerlo, quería dejaros, un poco ampliada, la noticia para la vuelta de las vacaciones.

Es el libro cuya portada veis arriba, y cuyo texto de cubierta os adelanto:

Lázaro es un joven aprendiz de escritor que, en opinión de su maestro, es incapaz de escribir historias largas, a pesar de su talento, porque pertenece a la generación de lo fragmentario, del post bloguero, el mensaje de Facebook o Twitter y el vídeo de YouTube. Para Lázaro, el problema estriba en que no tiene argumentos, en que le falta una historia que contar.

Su maestro le regala la de Jorge, un joven madrileño, como él, que setenta años atrás, el 13 de julio de 1941, salió con la primera expedición de la División Azul. Una peripecia pasmosa que le llevó a la batalla de Krasny Bor, en el frente de Leningrado, y después, en 1945, a defender Berlín con el uniforme de las Waffen-SS.

Acompañado por las lecturas de Walter Benjamin, Jorge Semprún o Günter Grass, Lázaro escribe un relato vibrante que, enhebrando estampas del hoy, desde las guerras de Irak y Afganistán al 15-M, recorre los escenarios de una Europa en guerra, e, hijo de su tiempo, comprende que con esa suma de fragmentos, escenas, lugares e historias ha construido, finalmente, una novela.


¿Qué puedo añadir? Pues, aparte de que es fruto del trabajo de tres años (nada nuevo, ni raro, los libros no suelen necesitar menos, aunque sea más rápida su redacción material), que recorre un arco temporal de 75 años, desde julio de 1936 hasta junio de 2011. Empieza en Getafe, un día crucial en la historia de la ciudad (el 20 de aquel julio infausto), y termina en la Puerta del Sol, la víspera del levantamiento de la acampada de los indignados del 15-M (es decir, el 11-6-11). Nada de esto es casual, como ninguna otra cosa en la novela, que es además la más viajera de las mías. Sus protagonistas atraviesan Francia (varias veces) viajan hasta Rusia, convalecen en Riga, se entrenan en Baviera, Versalles, el Tirol, Prusia Oriental y Potsdam y pelean en Leningrado, los Cárpatos, Pomerania y, por último, Berlín, en la aciaga primavera de 1945, cuando a Alemania ya casi no le quedaban hombres y los niños cazaban tanques rusos metiéndose literalmente debajo de sus cadenas.




Me interesa especialmente recalcar que nada de lo dicho pertenece a ese género bastardo que podríamos llamar "Fantastoria", es decir, utilizar la Historia para colgarle patrañas más o menos improbables. Todo está documentado y obedece a hechos realmente sucedidos, por extraños que puedan parecer (como lo es, por ejemplo, la peripecia de esos SS españoles defendiendo a un Hitler al que ya habían traicionado, no sólo su antiguo patrocinado Franco, sino incluso sus más leales, como Göring o Himmler).




Pero por encima de todo, y para eso está el narrador, un joven madrileño de hoy que indaga la historia y trata de restituirla a través de su relato, la novela es un homenaje a la literatura y al pensamiento y a quienes los hacen posibles y los engrandecen. Muchos salen en el libro, de uno u otro modo: Benjamin, Proust, Kafka, Sabato, Semprún, Haffner, Grass...

En la novela hay combates y amores desesperados, viles traiciones y lealtades a prueba de bomba, mezquindades sórdidas y sacrificios casi inimaginables, vengadores inflexibles pero también un espacio para la piedad. Y como síntesis, una amarga reflexión: lamentablemente, no estamos hablando de vergüenzas pretéritas. Los jóvenes y los niños (de ambos sexos) siguen malográndose en guerras decididas por hombres (y mujeres) que no tendrían agallas para ir a pelear en ellas. Por eso en la novela, en la que todo el tiempo conviven pasado y presente, hay alguna que otra excursión a Irak y a Afganistán, dos guerras donde también, aunque su presencia en ellas sea tan exótica como la de aquellos SS españoles entre las ruinas berlinesas, luchan y mueren soldados con la bandera rojigualda cosida al hombro.




Os dejo la cita que abre el libro, de otro literato (y antes soldado) al que también rinde homenaje:

La guerra debería ser un deporte reservado únicamente a los hombres de más de cuarenta y cinco años, a los Josés y no a los Davides. Sí, querido papá, ¡qué orgulloso me siento de que sirvas a tu país como un valiente caballero dispuesto a realizar el sacrificio supremo! ¡Cómo desearía poder tener tu edad: con qué placer me pondría mi armadura y me lanzaría a combatir contra aquellos nombrables filisteos!

(Robert Graves, en Adiós a todo eso.)

Buen agosto a todos, nos vemos en septiembre. Con el libro, el 20.

Abrazos.

viernes, 29 de julio de 2011

Normandía (sin palabras)




Trigo



Utah Beach



Omaha Beach



L'Océan (desde Omaha Beach)



Carentan



Deutscher Soldatenfriedhof Mont de Huisnes
(12.000 seres humanos sacrificados)



L'Infini



Abrazos.


miércoles, 20 de julio de 2011

La strategia dell'acqua





La editorial italiana Guanda, muy activa y de referencia en el giallo (o amarillo, que es como se llama al género negro en italiano), ha publicado recientemente la traducción de La estrategia del agua. De que Bevilacqua suene en la lengua de sus antepasados (lo que a ambos nos place, y cuánto) se ha encargado Silvia Sichel, como en ocasiones anteriores (también es pertinente recordarlo) se ocupó Roberta Bovaia (en concreto, en Il alchimista impaziente, La nebbia e la fanciulla y La regina senza specchio, supongo que no hace falta traducir cuál es cuál).

El libro ha tenido muy buena recepción, que es lo que se trata de agradecer con esta entrada. Podéis ver el recorrido por el Madrid de Bevilacqua (y de los indignados, que ahí estaban cuando se hizo el reportaje) a cargo del periodista de La Repubblica Massimo Calandri y la cálida reseña que ha hecho de la novela el crítico del prestigioso Il Sole 24 Ore, Bruno Arpaia.

Para un italianófilo impenitente como un servidor, toda una recompensa. Este año, además, celebraremos la pasión italiana en Getafe Negro, trayendo a algunos de los más interesantes cultivadores del giallo.

Abrazos.

sábado, 9 de julio de 2011

¿Estilo?





Lo que veis arriba es una captura de un lugar que se llama "ePUB" y que se subtitula "eBooks con estilo". Se han molestado en reservar un dominio y todo, http://epubgratis.es y pagarlo, naturalmente, porque si no, no dispondrían de él. Ofrece, o va a ofrecer, no se sabe bien, un libro de este servidor sin ningún derecho y sin haber pedido permiso a su legítimo titular.

El libro en cuestión está disponible, en copia autorizada, legítima y revisada por el autor, a 3,79 euros. Entre otros muchos sitios, aquí.

Y me pregunto. ¿Esto es lo que hoy se entiende por estilo? A los clientes de ePUB, sólo les pido que hagan un sencillo ejercicio. Si les interesa leer este libro y no tienen 3,79 euros, bájenselo. Si les interesa leer este libro y tienen 3,79 euros, reflexionen por un instante sobre lo que representa la noción de estilo según su conciencia. Y hagan lo que crean oportuno.

Confío en que no todos decidan alimentar el negocio de ePUB, sea cual sea. A ver si esto empieza a parecer un país coherente con sus proclamas, o si la indignación no es más, para algunos, que una manera de embozar su capricho. De qué sirve reclamar cambios si a quienes los afrontan y asumen el coste de hacerlos se les desprecia de esta forma.

Abrazos.


Postdata del 11/7/11: Pido leer primero, creo que merece la pena, los comentarios suscitados por este post. Y he aquí mi recapitulación sobre ellos:


Gracias a todos, esté de acuerdo o no con vosotros (y con algunos, desde luego, estoy muy en desacuerdo) por vuestra contribución a este debate. Era lo que pretendía el post, mover a la reflexión y a pronunciarse. Y me alegra ver que los pronunciamientos son diversos, incluso entre los que a priori estarían en el mismo lado. Así es como progresa el conocimiento. Confrontando y cuestionando.

Una aclaración: no he de disculparme porque, al contrario de lo que se ha hecho conmigo, yo no he calificado (y por tanto no he descalificado) a ninguna persona. Sólo he señalado conductas, y en algún caso las he analizado y he manifestado mi desacuerdo con ellas.

Por ejemplo, que se imponga a alguien una acción o un determinado foro para pronunciarse, cuando no es uno el que ha empezado el conflicto (la portada de mi libro salió en epubsgratis antes de que epubsgratis saliera aquí).

O que en lugar de crear algo propio uno decida comparecer ante los demás llevando bajo el brazo lo creado por otro y sin pedirle permiso: acto para el que el uso del verbo parasitar no es más que objetivamente descriptivo. Acción de apoderarse de algo de otro al margen de su voluntad (si hubiera consentimiento y reciprocidad ya no sería sería un acto parasitario, sino simbiótico).

O que se exija a alguien estar agradecido porque se le haga publicidad contra su voluntad y de un modo que estima pernicioso para sus intereses (con todos mis respetos para Darkwood, que bien puede ser una persona excelente, este razonamiento me sigue pareciendo altamente extravagante).

Como veis, conductas, descripciones y discrepancias razonadas sobre ellas. Ni una sola descalificación personal. Soy muy poco agresivo, incluso cuando se me agrede, como puede observarse en algunos de los comentarios a este post y en otros que hay en el foro de epubsgratis.

Allí se me achaca prepotencia, por ejemplo, algo en lo que tampoco me parece que me distinga (y conozco a algún creador realmente prepotente, que nunca bajaría a estas arenas). Otra cosa es que si uno comete una falta gramatical en un debate en el que se recurre a la mordacidad, señalarla sea un arma dialéctica admisible: para mí lo es, el desaliño gramatical es una muestra del desaliño del razonamiento.

Alguno me dice que es ahora cuando digo que no tengo inconveniente en que me piratee quien no tenga recursos. Relea por favor el post:

"Si les interesa leer este libro y no tienen 3,79 euros, bájenselo."

Ahí está la frase desde antes de la bronca. Pero claro, para encontrarla hay que leer lo que dice el de enfrente, y no sólo lo que escribe uno.

Por otra parte alguien ironiza con que en las bibliotecas públicas no te piden la nómina. Claro que te la piden, indirectamente. Sólo tienen dos ejemplares de ese libro que todos quieren leer, por lo que hay que hacer cola, a veces durante meses. El que quiere leer un libro y tiene buena nómina, no hace cola para leerlo de la biblioteca. Lo compra.

Una cuestión legal: nadie haga afirmaciones taxativas sobre lo que es legal o ilegal en España. Las sentencias que se invocan son de tribunales inferiores y en asuntos penales. Eso no sienta jurisprudencia, desde luego no lo hace en el propio ámbito penal, pero menos aún en el civil. Si la copia difundida a través de Internet es lícita o ilícita lo establecerá, en su día, la sala 1ª del Tribunal Supremo, que es el único que fija jurisprudencia civil en nuestro derecho (y que me disculpen, pero me pasé cinco años en la facultad y 10 ejerciendo la abogacía, así que de esto sé más que algunos). Hasta entonces, todo son interpretaciones. Y sinceramente, si alguien le plantea el asunto en condiciones, me cuesta imaginar que el Tribunal Supremo sentencie que es privada una copia que se difunde a través de un medio público universal como es Internet. Ya lo veremos.

Lo del ánimo de lucro va por otro lado: es para decidir si hay delito o no, y como en el ámbito penal los jueces son restrictivos, lo están siendo al exigir un lucro dinerario directo (lo que es discutible, hay más formas de lucro que el lucro dinerario, y el lucro en especie no deja de serlo). Pero que algo no sea delito no quiere decir que sea legal. O que no genere responsabilidad (civil, es decir, patrimonial). Otra cosa es que ésta se exija. Pero puede empezar a exigirse en cualquier momento. Alguien hará de conejillo de Indias, y como no me parecen los peores, espero que no sean los administradores de epubsgratis.

Pero en fin, seamos positivos. Espero que con esta confrontación de argumentos alguien se haya tomado un rato para pensar. Celebro poder decir que una maquetadora de epubsgratis lo ha hecho y se me ha dirigido para ofrecerse a maquetar textos de los que desde hace 10 años comparto voluntaria y gratuitamente. Dice que esos son los únicos míos que piensa maquetar. Y por supuesto, voy a autorizarla. Será lo siguiente que haga tras terminar de escribir esta recapitulación.

Salud a todos.

miércoles, 29 de junio de 2011

Internet y yo (Help me, Walter Benjamin!)





Hay cosas de Internet que me encantan. Y quien me conoce un poco sabe que esto no es de ayer. Llevo quince años aquí, y enredando todo lo que me dejan mis múltiples trabajos. Pero otras cosas de Internet, las detesto. Por ejemplo, las afirmaciones contundentes y/o insultantes que se permite hacer cualquier desinformado. Se me podrá objetar que esto no es nuevo, que Internet es un espacio más en el que florece la condición humana de siempre. Pero antes de Internet a ese desinformado lo leían y creían (con suerte) su familia y amigos. Ahora llega a cualquiera, y cualquiera se puede creer sus errores, que terminan por ser falsedades. Y eso tiene un punto que cuesta soportar, cuando te afecta. Aunque estoy en ello.

Ayer se publicó en El Mundo una entrevista a cuatro personas: Miguel Bosé, Gonzo Suárez, Agustín Díaz-Yanes y un servidor. Como es lógico, el periodista puso de titular una frase del famoso, que es Bosé. Una frase poco afortunada, por varias razones. Y a partir de ahí, se inició la reacción/linchamiento, que por supuesto me abarcó. Contaba con ello, es el precio de exponerte a dar tu opinión cuando no es convencional o neutra. Pero necesito puntualizar tres cosas:

1. No comparto en absoluto, es más, me parece de todo punto inoportuna, la aserción del cantante al llamar catetos a los habitantes de este país. Cierto es que yo, como recoge el periodista, aunque no en la exactitud absoluta de lo que dije, hice una alusión a la incultura ancestral de los españoles. Pero eso es un hecho contrastado (tasas de analfabetismo del 75% hace poco más de un siglo, índices de abandono escolar muy superiores a los de nuestro entorno). Lo otro es un insulto gratuito y no aporta nada.

2. Me revienta que me rebatan diciendo que mis libros son malos (pues no los lea, no era ésa la cuestión, seguramente a mí tampoco me gustarían los suyos, si los escribiera) y sobre todo que no se pueden conseguir por lo legal. Ejemplo de afirmación categórica sobre lo que se desconoce. Basta con entrar en cualquier tienda, para ver que puede llevárselos a un precio que para algunos títulos es de poco más de dos euros, pero al "informado" opinador que mete ese cazo, y a quien quiera secundarlo, le remito a la noticia, de hace cuatro meses.

3. En una entrevista el periodista recoge sólo lo que le cabe o lo que le interesa de lo que uno dice. Para expresar de veras lo que quieres están tus textos, los que tú escribes. Y nadie podrá acusarme de ser vago a ese respecto. Remito al interesado a éste (también disponible en catalán, aquí), y me permito transcribir a continuación el que publiqué en La Vanguardia el pasado miércoles día 22, pero en papel, y que no he visto en digital. Entre otras cosas, recurro a un pensador de verdad, de los de antes, de los que no opinaban con lo primero que habían leído, y habían leído bastante más y mejor que los opinadores de ahora, y además no habían perdido el hábito de pensar cuestiones complejas: Walter Benjamin. Gonzo Suárez me dijo que escribir en estos días tales cosas era perder el tiempo. Espero que se equivoque.





La obra de arte en la era de su reproducibilidad digital


“El acrecentamiento sorprendente de nuestros medios, la flexibilidad y la precisión que éstos alcanzan, las ideas y costumbres que introducen, nos aseguran cambios próximos y profundos en la antigua industria de lo Bello”. Con estas palabras de Paul Valéry se abre el opúsculo La obra de arte en la era de su reproducibilidad técnica, del pensador berlinés Walter Benjamin. El texto es de 1936, y tanto en su cita inicial como en muchas de sus ideas resulta esclarecedor para meditar sobre la revolución digital: la última y más poderosa forma de reproducibilidad técnica de la obra artística, cuyo impacto sustancial sólo desde la miopía, aunada a la imprudencia, puede desdeñarse.

La reproducción técnica de la obra de arte, viene a decir Benjamin, la sustrae a su función ritual y minoritaria, para ponerla a disposición de la masa o el público. Con ello, nos dice, “se trastorna la función íntegra del arte”. El público pasa a ser el decisor que impone su veredicto. Y como advierte Benjamin: “El público es un examinador, pero un examinador que se dispersa”. Lo que, bajo ropajes de benéfica democratización, puede tener efectos adversos. En 1936 están en su apogeo los fascismos y totalitarismos, que, para mejor catalizar la voluntad de las masas, fijan también códigos de expresión cultural y artística.

En el cine, la música y ahora la literatura, tres campos del arte que además lo son de comunicación de masas, la digitalización, como estadio definitivo, instantáneo y universal de su reproducción técnica, ha producido una revolución irreversible, con dos consecuencias inmediatas: 1. La necesidad de cambiar el modelo de industria cultural vigente hasta la fecha, basado en otra realidad económica y física; y 2. La urgencia, puesto que los humanos, como animales sociales defectuosos, precisamos de reglas para no abusar los unos de los otros, de revisar la legislación destinada a procurar un devenir justo, legítimo y socialmente provechoso del nuevo espacio comunitario y económico que surge en torno al objeto cultural en soporte digital.

Lo primero, la adaptación industrial, aún está en mantillas. La industria debe esforzarse más en crear un escenario de oferta que permita la casación con una demanda verosímil. La fijación de precios disuasorios y otras barreras, para defender la versión analógica del producto, es un error que sólo conduce al surgimiento y desarrollo de un mercado irregular, en beneficio de agentes de tipo parasitario. La pertinente defensa del soporte analógico (cuando tiene, por ejemplo, un valor cultural y social como los que representa el libro), no está en el frente digital, donde con esa estrategia se pierden ambas batallas. Es una empresa autónoma, que merecería reflexión aparte.

En cuanto a lo segundo, la adaptación de las reglas del juego, al menos en nuestro país no es una prioridad de los responsables públicos, que se limitan a poner parches de emergencia, jurídicamente vulnerables por su misma improvisación. El mundo digital exige leyes de nueva planta y aptas para ventilar los pleitos en tiempo y forma (y no al cabo de diez años, porque eso, aquí, equivale a invitar a la vida selvática). Hay muchos derechos y euros en juego para que todo quede fiado a la astucia de unos, la audacia de otros y la inercia ventajista del resto.

Quien crea una obra de arte que el público demanda y disfruta es titular de un derecho legítimo y además socialmente provechoso. Imponerle su expolio, como se hace desde ciertos sectores que intentan catalizar a las masas en beneficio propio (ya sea para alimentar otros negocios o para aumentar su relevancia social), es una tropelía que no podemos alentar ni jalear por más tiempo, igual que hace ya años dejamos de tolerar que por nuestras carreteras se corriera de forma suicida.

Hay que establecer una nueva regulación de la propiedad intelectual, en un contexto distinto, cuidando a la vez de su función social (que el entorno digital permite maximizar, para el acceso a la cultura de quien no tiene medios) y amparando una explotación económica justa, donde los esfuerzos de creadores, productores y editores sean retribuidos por quienes tienen capacidad económica para hacerlo, con arreglo a los costes y al legítimo beneficio que debe obtener, en una economía de mercado, quien ofrece algo valioso. Para ello, deben mejorarse los mecanismos de identificación legal y neutralización judicial de los agentes oportunistas que propician la apropiación arbitraria y masiva, y que son los realmente nocivos para el sistema.

Ordenando así el tráfico cultural, con reglas coherentes con su nueva realidad, y una administración de justicia adecuada a ella, podemos generar espacios de autorregulación y de cumplimiento voluntario, y evitar el recurso sistemático al Código Penal, estrategia fallida por definición. Y más cuando el tipo penal es tan anticuado como el hoy vigente en España, eludible por el simple subterfugio de realizar el expolio lucrativo de la propiedad intelectual ajena en un sitio web y enlazarlo desde otro. Cambiar el tipo penal, yendo a la sustancia del acto de apoderamiento y de su rentabilización ilegítima, pero habiendo optimizado antes la ley civil y su control administrativo y judicial, proporcionaría un instrumento útil que apenas habría que usar, como sucede con el tipo penal que castiga el atraco a mano armada.

No puede ser por más tiempo que en este país se lucren con la creación quienes no la nutren, burlando los derechos de unos trabajadores dignos de protección y lesionando el erario público, que deja de recaudar los tributos que esa riqueza debe devengar. Tampoco puede ser que quienes estamos en esto no nos acompasemos a la nueva era. El reto es para todos. El desastre, si no lo encaramos, también. Hace 70 años, España, en su tradición culturicida, le cerró las puertas a un intelectual acorralado: Walter Benjamin, que murió solo y aterrado en Portbou. No vayamos a recaer, justamente ahora, en el “que inventen ellos”.


(Artículo publicado en el suplemento Culturas de La Vanguardia, el 22 de junio de 2011).

(Créditos de imagen: La imagen que abre este post es de Munkywa, compartible según su página, a la que he enlazado. Si alguien conoce que tenga alguna restricción de derechos, por favor que me lo haga saber para retirarla).

Abrazos.